El ABC de la gran Svetlana Alexievich

Martes 24 de Agosto 09.28 GMT

 

La periodista y escritora bielorrusa Svetlana Alexievich recibió en 2015 el Nobel de Literatura por contar con una gran destreza para escuchar desgarradoras historias y luego plasmarlas en papel sin robarles el alma.

Por más de 45 años de trayectoria, Svetlana se ha desempeñado como escritora, reportera, psicóloga y predicadora y por eso sus libros son considerados por muchos como monumentos al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo.

Svetlana Alexievich nació el 31 de mayo de 1948 en Ivano-Frankivsk, una ciudad ucraniana que, tan sólo tres años antes, había sido anexada por segunda ocasión a la Unión Soviética.

Sus padres fueron dos maestros rurales, un bielorruso y una ucraniana, que le enseñaron con su propio ejemplo a ser paciente y empática, por lo que en su juventud pensó (y lo dudó bastante) si debía tomar el mismo camino que ellos.

Creció en Bielorrusia, a donde llegó una vez que su padre, combatiente en la Segunda Guerra Mundial, pudo dejar el ejército.

 

En la historia de este hombre, colmada de los descalabros del siglo XX, se atisba el origen de la concepción que Svetlana Alexievich tiene de ese vasto andamiaje confuso que fue la Unión Soviética.

Resulta que cuando su padre fue estudiante un día regresó a la universidad después de unas vacaciones y encontró solo a dos profesores de los 40 que había, luego fue llamado al frente y experimentó la guerra. 

Poco tiempo después este presenció Chernóbil, pues él y su madre vivían en Bielorrusia entonces, y ella se quedó ciega y su hermana murió.

Svetlana Alexievich tomó a su padre como su gran referente de fuerza, pues él había vivido (y sobrevivido) todo lo anterior, pero sabía que había miles de personas con historias similares que debían de ser conocidas. 

Debido a esto la escritora hizo lo que su corazón marcaba y salió a reportear todas estas historias, pues sabía que ella podía darles de alguna forma voz. El camino lo tenía claro.

 

 

 

En 1983, Alexievich terminó de escribir La guerra no tiene rostro de mujer, un libro con más de 500 testimonios de las mujeres soviéticas que pelearon en los frentes de la Segunda Guerra Mundial. 

En este libro Svetlana devuelve a todas esas mujeres las historias que vivieron en batalla y que, hasta ese momento, habían sido arrebatadas por los hombres, pues se apropiaron de la guerra como si se tratara de un evento exclusivo para ellos.

En La guerra no tiene rostro de mujer la escritora estrenó el género por el que muchos años después le darían un Nobel, pues entrelazó las 500 voces con gran destreza para que hablaran por ellas mismas.

De acuerdo con Alexievich, ella escogió el género de las voces y confesiones humanas reales para plasmar su visión e interpretación de este mundo pues no existe mejor forma de conocer un evento que a través de quienes los vivieron.

 

En Últimos testigos (1985), Svetlana Alexievich habla sobre los niños soviéticos que lo perdieron absolutamente todo, desde sus juguetes hasta sus padres, en la Segunda Guerra Mundial.

En Afganistán, las voces fueron de las madres de los soldados que perecieron durante la intervención soviética en el país, cuyas historias han sido contadas en los Chicos de cinc (1989).

Las voces de los suicidas que buscaron claudicar del mundo tras la caída del comunismo hablan en Cautivados por la muerte (1993) y la tragedia de Chernóbil es retratada por sus sobrevivientes en Voces de Chernóbil (1997).

En cada uno de sus libros, Svetlana Alexievich busca observaciones, matices, detalles en la vida de quienes vivieron lo que a otros les parece impensable y aún así siguieron sus caminos pues el ser humano es resilencia pura y eso ella lo sabe mejor que nadie.