Esteticismo y la importancia de exaltar la belleza

Viernes 02 de Abril 10.35 GMT

 

Sirviendo como oposición a las filosofías sociales utilitarias imperantes, y a lo que se percibía como la fealdad y el filisteísmo de la era industrial, reclamó fuerza un pensamiento esmerado en enaltecer a la belleza sobre los aspectos intelectuales, religiosos, morales y sociales.

El esteticismo, una corriente artística que se centró en la doctrina de que el arte existe por el mero hecho de su belleza y no necesita tener ningún propósito político, didáctico o de cualquier otro tipo, vio sus fundamentos filosóficos originarse en el siglo XVIII por Immanuel Kant, quien postuló la autonomía de los estándares estéticos, apartándolos de las consideraciones de moralidad, utilidad o placer.

Dicha filosofía sería retomada después por J.W. von Goethe, J.L. Tieck en Alemania; por Samuel Taylor Coleridge, Thomas Carlyle y la Hermandad Prerrafaelita durante 1848 en Inglaterra, y posteriormente popularizado en Francia por Madame de Staël, Théophile Gautier y el filósofo Victor Cousin, a quien se acuñe la frase: l’art pour l’art (“arte por el arte”) en 1818.

Todos ellos, que avivaron el anhelo de belleza ideal a través de la conciencia, con delicada sensibilidad quizás, hasta su punto más alto, posteriormente influenciaron a los representantes más notables de la disciplina, como Oscar Wilde, para bien como para mal — definido históricamente como el causante de la decadencia del movimiento —, Walter Pater, quien no creía en la verdad, sino en el placer otorgado por ciertas combinaciones entre seres y enigmas; el ilustrador Aubrey Beardsley; el arquitecto y diseñador William Morris, a quien se le atribuye la fundación del movimiento Arts & Crafts que rechazaba totalmente la producción industrial en las artes decorativas y la arquitectura; el pintor James McNeill Whistler; el poeta Dante Gabriel Rossetti con su atención puntual al detalle y el irrepetible colorido de los primitivos italianos y flamenco; el crítico literario Algernon Charles Swinburne, y muchos más. 

Posteriormente, algunos de estos artistas se volcaron a defender el punto de vista que sostiene la idea de que la experiencia del arte es la experiencia más intensa y penetrante disponible en la vida humana y que no se debe permitir que nada interfiera con ella si esto lleva a que entre en conflicto con la moral, es ultimadamente malo para la moral, y si son las masas quienes no logran la aprecian o no reciben la experiencia como es debido, ultimadamente es malo para las masas. Si hay efectos moralmente indeseables del arte, realmente no importan en comparación con esta experiencia tan importante que el arte puede brindar.

Estos ideales fueron lo que al final causó la decadencia del movimiento, ya que tenía ante todo una base moral, una filosofía espiritual

Pintura de James Abbott McNeil Whistler que es parte de su serie "Simphony in Yellow", lienzos de armonías cromáticas, donde grandes espacios incluían breves pinceladas de luz. Fuente: Art Experience NYC.

 

Las respuestas del esteticismo a las preguntas no eran absolutas, y el mundo y la verdad se fueron acomodando como proposiciones abiertas. Sin embargo, a pesar de desvanecerse junto con sus representantes, el arte sí termina por proporcionar alguna de estas experiencias más intensas y nítidas disponibles para los seres humanos. Debido a ello, el arte sí puede conseguir una enorme influencia en el tenor de la vida de una persona, incluso que cualquier sistema particular de moralidad, y ahí es donde radica, hasta ahora, inmortalidad del esteticismo.