Barro y arcilla, elementos esenciales en la historia del arte

Jueves 01 de Octubre 13.02 GMT

 

Alfarería, cerámica, barro, arcilla ¿cuáles son las diferencias entre estos materiales y disciplinas milenarias? Aquí un repaso de su origen, historia y vínculo con el arte.

Arcilla

La arcilla es una roca sedimentaria conformada por agregados de silicatos de aluminio hidratados, que varía su color de acuerdo a las impurezas que contenga; puede ser blanca si la pureza de sus componentes es total.

Por ser un material de fácil acceso, moldeable y perdurable está relacionado con la evolución del ser humano y ha servido como documento histórico para conocer las características de culturas ancestrales.

Esto al poseer información sobre religión, costumbres, economía y desarrollo general de una civilización determinada.

Barro

El barro es una mezcla líquida o semilíquida de agua y tierra o sedimentos confirmados de polvo y arcilla. Cuando se crean depósitos de estos y se endurecen, recibe el nombre de lutita.

Debido a su capacidad de modelaje es utilizado desde épocas ancestrales para la elaboración de jarrones y artesanías.

Cerámica y Alfarería

El término cerámica procede del griego antiguo keramikḗ, forma femenina de keramikós (cerámico), que significa sustancia quemada y es el arte de elaborar objetos ornamentales o artísticos con arcilla cocida –a más de 900 grados °C-.

Y es así como se le conocía al barrio de los alfareros en la antigua Atenas.

La cerámica es una de las industrias con mayor antigüedad en el mundo, ya que data del periódico neolítico, también conocido como Edad de Piedra Pulida.

Misma que se desarrolló de manera independiente en distintas regiones consideradas cunas de la civilización, como Asia occidental, China oriental, Nueva Guinea, Mesoamérica, Cordillera de los Andes, Norteamérica oriental, África subsahariana y Amazonia.

De ellas, China, Corea y Japón fueron las primeras culturas en dominar el arte de la cerámica.

En el neolítico también surgió la agricultura, la ganadería y el pastoreo de animales.

De ahí que los artefactos más antiguos elaborados con cerámica se utilizaran como recipientes para contener líquidos y alimentos.

 

Posteriormente se utilizó para modelar figuras de carácter simbólico, místico, religioso o fúnebre. Y como material de construcción en forma de ladrillo, teja, baldosa o azulejo.

Al principio la cerámica se modelaba a mano, con técnicas como el pellizco, el colombín o la placa y se dejaba secar al sol o cerca de los fuegos tribales.

Con el tiempo se decoró con diseños geométricos por medio de incisiones en la pasta seca, hasta evolucionar en motivos bellos de mayor complejidad y perfección.

La cerámica evolucionó al surgir el manejo del fuego y la cocción, con lo que se conformó el oficio del alfarero.

Uno de los ejemplos más notables sobre el uso de la cerámica en la cultura es el de que le dieron los griegos.

Quienes, influidos por las civilizaciones del Antiguo Egipto, Canaán y Mesopotamia, crearon recipientes que adornaron con dibujos mediante los cuales narraban la vida y costumbres de su época.

Acerca de este arte, el ceramista francés Bernard Palissy afirmó: “La cerámica ocupa un lugar importante en las artes decorativas, ya que participa a la vez de la arquitectura, la escultura y la pintura”.