Cinético, el arte que somos

Jueves 01 de Abril 13.02 GMT

 

¿Has escuchado hablar del arte cinético? Seguramente has visto obras cinéticas, esas que parecen moverse, pero no tienes muy claro que es toda una corriente, así que llegó el momento de hablar a profundidad sobre este tipo de arte. 

A pesar de que sus orígenes datan desde los movimientos dadaístas y constructivistas de la década de 1910, fue tras la Segunda Guerra Mundial, en una exposición de 1955 organizada en la Galería Denise René en París por el artista de origen húngaro, Victor Vasarely titulada: Le Mouvement, que surge el arte cinético y se establecen sus fundamentos para convertirse en una de las expresiones más esenciales del arte moderno.

Proveniente del griego kinesis, significando movimiento, esta corriente artística basada en la estética del movimiento, se basa en vibraciones de la retina e ilusiones ópticas, generando un juego con la percepción visual del espectador. 

Esto puede lograrse de varias formas, ya sea llevando al espectador a rodearla, cambiando su estructura constantemente, obligando al espectador entre a ella, o bien, realizando una integración. Y como los recursos para crear movimiento son casi infinitos, apostar por el carácter lúdico es una herramienta casi obligada.

Al crear pinturas, esculturas y entornos artísticos que se basan en la presencia del movimiento para tener su efecto deseado sobre la audiencia, el arte cinético fue el primero en ofrecer obras que rebasan tanto el tiempo como el espacio. 

Lo anterior fue un gesto revolucionario no solo porque introdujo una dimensión completamente nueva en la experiencia visual, sino porque expresó con tanta eficacia la nueva fascinación por la interrelación del tiempo y el espacio que definió la cultura intelectual moderna desde los descubrimientos de Albert Einstein.

Muchos artistas cinéticos se interesan ​​en las analogías entre máquinas y cuerpos humanos, argumentando que, en lugar de considerar a las dos entidades radicalmente diferentes, una sin alma y funcional, la otra gobernada por la intuición y el conocimiento, el arte cinético ha encontrado su motivo en dar a entender que los humanos podrían ser poco más que motores irracionales de lujurias e impulsos en conflicto, como máquinas disfuncionales.

Tras la exposición Le Mouvement, artistas como Marcel Duchamp, Alexander Calder, David C. Roy, Victor Vasarely, Naum Gabo, y László Moholy-Nagy, así como Julio Le Parc y Matilde Pérez en Sudamérica, fueron algunos de los precursores de este movimiento.

Marcel Duchamp

Marcel Duchamp se asocia principalmente con el movimiento Dada, y su “Rueda de Bicicleta” es más significativa como una expresión de las actitudes revolucionarias de ese movimiento hacia los límites del objeto de arte y su desprecio por las nociones establecidas de forma e interpretación artísticas. Lo importante de la obra en este sentido no es su incorporación del movimiento a la escultura, sino lo que no es.

La “Rueda de Bicicleta” de Duchamp se realizó en 1913 con un taburete, una horquilla y una rueda de bicicleta; está en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Fuente: Santafixie Stories.

 

Alexander Calder

Nacido en Lawton, Pennsylvania, considerado el padre del concepto de móvil, un tipo de escultura donde varios de los elementos integrados tienden a moverse, ya sea por el efecto del viento, por la suspensión de los objetos, o bien, por las manos del mismo espectador. Los móviles de Calder son objetos hipnóticos, donde la persona se tiene que acercar para interpretar el factor de reacción que mantiene viva a la obra, invitando al juego de colores y la exageración de las formas.

“Blondie” de Alexander Calder se realizó en 1972, y actualmente radica en el Museo Salomon R. Guggenheim de Nueva York. Fuente: Museo Solomon R. Guggenheim & The American Art Foundation.

 

Martha Boto

Nacida en Buenos Aires, Argentina, Boto, quien fuera co-fundadora del Grupo de Artistas no Figurativos de Argentina, siempre se ha dejado llevar por su fascinación a las leyes de la armonía y el equilibrio que gobiernan el cosmos a través de las interrelaciones de la luz, el movimiento, el espacio, el color, y el tiempo.

La obra Mouvements Chromocinetiques de 1971 es una escultura sobre madera en metal, acrílico, esmalte, motor. Fuente: Del Infinito.

 

Lázlo Moholy Nagy

En 1923, la escuela Bauhaus lo eligió para encabezar el taller de trabajos de Metal, hasta que sustituyó a Johannes Itten, en la dirección general. Durante este tiempo se volcó en el estudio de los efectos de equilibrio y presión de los materiales, siendo el precursor de la fotografía Bauhaus. Moholy-Nagy estableció una relación entre la pintura y la fotografía. De este modo clasificó la pintura como un medio para dar forma al color, mientras que la fotografía sirvió de instrumento de investigación y la exposición del fenómeno luz.

“Light Space Moulator” de Moholy Nagy es un dispositivo utilizado para la demostración de los dos juegos de luces y manifestaciones del movimiento. Fuente: IDIS.

 

Sarah Oppenheimer

Las intervenciones disruptivas de esta artista americana que cuestionan (y dinamitan) el espacio expositivo y que retan al espectador a través de sus precisos sistemas mecánicos, habitan en un ámbito híbrido e incierto. En su proceso, entran en acción aspectos tan heterogéneos como su formación en semiótica y pintura o la preocupación conceptual por cuestiones cognitivas y filosóficas.

Con diagramas y cálculos sabios, la arquitecta Sarah Oppenheimer diseña el aire alrededor de un agujero. Como el silencio, el vacío es de oro y expresa más que sus propios límites. Fuente: Pinterest.

 

David C. Roy

David es un escultor cinético estadounidense y autor de “Wood That Works.” A lo largo de su carrera ha creado más de 90 esculturas cinéticas y realizado exposiciones en diferentes localidades.

La “Rueda Kindala” tiene una forma relativamente sencilla y es colocada en un ángulo preciso para crear un patrón dinámico como de explosión de estrella. Fuente: Wood That Works.