Cualquier persona que haya estado en una habitación con una escultura de Ron Mueck probablemente haya experimentado diversas sensaciones, seguramente contradictorias. El artista australiano es un maestro tanto de la anatomía como de la experiencia humana, desde el nacimiento hasta la muerte, y todo lo bello y caótico que hay en medio. Es un retrato de la entropía.
Mueck creció en el negocio familiar de las marionetas y la fabricación de muñecas, y comenzó su carrera en el cine, la televisión y la publicidad.
Artísticamente, tuvo su momento de éxito –como muchos otros– en la muestra colectiva de 1997 Sensation, en la Real Academia de las Artes de Londres, donde presentó al mundo su escultura Dead Dad, una representación de casi un metro de largo del padre del artista. La pieza dejó a todos asombrados y rompió barreras emocionales con su realismo inquietante y su profunda y angustiante encarnación del duelo y los lazos parentales.
El artista se convirtió en uno de los escultores más renombrados de su generación. Sus piezas hiperrealistas, que suman un total de 48 en una carrera de 25 años, se centran en los detalles minuciosos del cuerpo humano y a menudo tardan años en crearse: ha producido casi dos, en promedio, por año.

Una nueva muestra en la Fondation Cartier –desde este mes de junio y hasta el 5 de noviembre– representará el arco de la práctica de Mueck, mostrando desde obras icónicas hasta una pieza creada específicamente para la exhibición.
Entre ellas se encuentra Mass (2017), la pieza central de la muestra. Encargada por la Galería Nacional de Victoria, Australia, consta de cien enormes calaveras humanas apiladas en una torre ritualística opresiva de mortalidad e intriga. Una especie de tzompantli azteca.
"El cráneo humano es un objeto complejo. Un ícono potente y gráfico que reconocemos de inmediato. A la vez familiar y exótico, repulsa y atrae al mismo tiempo. Es imposible ignorarlo, exige nuestra atención a nivel subconsciente", dijo Mueck sobre la obra.
En otros lugares, Mueck nos lleva de vuelta a la primera década de los años 2000 y al comienzo del ciclo de vida humano con obras icónicas como "Baby" (2000), una minúscula escultura de un niño recién nacido inspirada en un libro de texto médico que muestra a un bebé sostenido por los pies momentos después del parto.
En una variación del tema de los recién nacidos, A Girl (2006) presenta a un bebé gigante con rastros de su reciente nacimiento aún visibles; aquí, Mueck resalta tanto el milagro exquisito como el duro y visceral sufrimiento del parto.
"En cierto modo, Mueck siempre nos ha brindado una experiencia inmersiva; las esculturas más pequeñas nos envuelven en su aura, incluso en la sala llena de una concurrida exposición. La colosal 'A Girl' se extiende y exige la atención de toda la habitación", afirma Charlie Clark, curador asociado de la muestra y director del estudio de Ron Mueck.
La exposición también presentará una nueva obra creada especialmente para la ocasión: una inquietante jauría de perros grandes, para la cual el artista comenzó a planificar durante su exposición individual en la Fondation Cartier en 2013.
"Las esculturas de Ron Mueck nunca han parecido instantáneas de movimiento congelado en el tiempo; son momentos de quietud prolongados para que reflexionemos sobre ellos y exploremos sus profundidades", dice Clark, “la pieza 'Untitled (Three Dogs)', a pesar de la amenaza de una acción inminente, no es una excepción. La habilidosa representación de la musculatura y la anatomía crea una tensión enfocada y una anticipación de lo que está por suceder, y se comunica, como siempre, a través del juego de luces sobre la forma esculpida".
Las esculturas de Mueck generan una hiperconciencia de nuestros propios cuerpos a través de la minuciosa atención que el artista les brinda. Las sensaciones resultantes son una perturbadora y visceral incomodidad, pero también un asombro ante su belleza y su realidad surrealista.