'El dios de las pequeñas cosas', un libro que no soltarás

Miércoles 25 de Agosto 12.19 GMT

 

Un libro que resulta imperdible de leer es el de El dios de las pequeñas cosas, la primera y exitosísima novela de la escritora hindú Arundhati Roy.

Con esta obra, que se convirtió en un best seller internacional debido a que publicó en más de 30 países, Roy ganó el Man Booker en 1997.

El relato se lleva a cabo en la India que, pese a ser un país tan lejano geográficamente, puede resultarnos familiar por su tercermundismo.

Los personajes de El dios de las pequeñas cosas parecen estar emparentados con los de Salman Rushdie, especialmente en The Midnight Children, y, tal vez, con los de Gabriel García Márquez. 

Un ejemplo entre muchos: el hijo Chacko, un hombre que vuelve de Inglaterra a la casa familiar. Ahí detiene una de las frecuentes palizas que su padre (Pappachi) atiza a su madre (Mammachi) y le advierte que nunca más se repetirán. 

 

El furioso padre destruye a golpes una silla y, efectivamente, nunca más vuelve a golpear a su esposa, pero tampoco vuelve a dirigirle la palabra. 

La novela muestra un alto nivel de sensibilidad, en general, pero particularmente de sensibilidad lingüística. 

La prosa de Arundhati Roy está cuidadosamente pulida, de manera casi artesanal, y ocupa un lugar preponderante junto a la historias que cuenta. 

Tanto las descripciones como el lenguaje son altamente visuales, al mismo tiempo que acústicos. 

El montaje de la novela es fundamental pues si hubiera sido narrada cronológicamente, la historia adquiriría un significado menos impactante. 

El desorden con el que cuenta la historia, esos grandes brincos que da en el tiempo, resulta fundamental para el efecto que se quiere crear en el lector. 

A diferencias de otras obras, El dios de las pequeñas cosas narra en sus primeras páginas casi todo lo que ha pasado.

 

Los gemelos Estha y Rahel son ya adultos, Chacko (el tío) emigró al Canadá, Ammu (su madre) ha muerto, al igual que otros de los personajes. Sobrevive la tía abuela, Baby Kochamma, monja renegada, eternamente enamorada de un cura ya muerto. 

Todos participaron y se vieron envueltos en una historia terrible que aconteció cuando los pequeños tenían 7 años y que afectó a todos, para siempre. 

La vida de la familia Kochamma cambió en el transcurso de dos semanas, pero si se analiza más a fondo, los hilos de la trama de los cambios vienen de más tiempo atrás, de siglos atrás, pues lo acontecido no se remite únicamente al círculo de los Kochamma. 

Así, si bien la mayor parte del mundo familiar en Kerala está narrado desde el punto de vista infantil, de los gemelos Estha y Rahel, quienes serán a la vez protagonistas y víctimas de su microcosmos íntimo, es inevitable insertar su pequeño ámbito dentro de otros macrocosmos: el étnico, lingüístico, social, religioso, regional, nacional e internacional.

 

Las primeras páginas de El dios de las pequeñas cosas nos remiten al pasado y ofrecen las claves de lo que sucederá después, o antes de acuerdo al propio desorden de este libro. 

Esta obra se trata de una especie de novela de misterio, donde al inicio se sabe qué pasó, pero no por qué, ni cómo, así que el cuerpo de la novela brindará sugerencias al lector, pero nunca soluciones totales ni absolutas.

En este libro siempre quedarán zonas oscuras e incomprensibles, pues Arundhati Roy sabe que a muchas cosas resulta casi imposible acercarse y mucho más explicarlas. 

En caso de que te animes a leer esta novela sentirás la necesidad de volver al principio (el final) y reempezarla, a fin de redondear la trama e intentar comprender más precisamente lo que sucedió.