Adiós a Kim Ki-duk, el narrador de secretos

Viernes 11 de Diciembre 09.57 GMT

 

Representante del cine de vanguardia surcoreano y sincero relator de la complejidad humana, el cineasta Kim Ki-duk falleció el 11 de diciembre de 2020 en Letonia debido a complicaciones por el virus SARS-CoV-2.

Originario de Boghwa, Corea del Sur, Kim nació el 20 de diciembre de 1960 en el seno de una familia de campesinos. Antes de desplegar su talento cinematográfico, se desempeñó como pintor, albañil y escultor.

Es considerado como uno de los directores más íntimos y con mayor imaginación del séptimo arte, al cual llegó tras un viaje de dos años por Europa.

“Algo cambió sobre mi percepción de la vida, empecé a cuestionarme muchos prejuicios con los que me habían criado… Para hacer películas, lo importante es vivir la vida. Ha sido la mejor escuela”, comentó en entrevista al diario español El País.

Fiel a la creación de bajo presupuesto, debutó con la película Cocodrilo en 1996, y cobró reconocimiento internacional con Hierro (2004) y Samaritan Girl (2004), filme que lo hizo acreedor de un Oso de Oro de Berlín.

Fue autor de una docena de cintas, todas ellas caracterizadas por el ritmo pausado, fuerte contenido visual, escueto uso de diálogos, y énfasis en elementos criminales de la sociedad.

Kim, aficionado a la pintura, fue muy criticado en su país por la crudeza de su narrativa y la oscuridad de sus personajes; sin embargo, su cine enmarcó un mundo de historias plagada de secretos inherentes al ser social. Murió días antes de cumplir 60 años, en un inintencional homenaje a la mordacidad del destino.

De su filmografía también destacan los títulos Animales Salvajes (1996), La puerta azul (1998), Ficción verdadera (2000), El guardacostas (2002), Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (2003), Aliento (2007), Moebius (2013), One on one (2014) y La red (2017).