Sturtevant, la reina de la repetición

Martes 02 de Marzo 09.16 GMT

 

No es casualidad que el trabajo de la artista conceptual estadounidense Elaine Sturtevant se pareciera al de Andy Warhol, Marcel Duchamp, Roy Lichtenstein o Jasper Johns.

Detrás de cada una de sus creaciones, a los que muchos críticos llamaron réplicas, había un método de trabajo al que ella prefería catalogar como repetición y no como apropiación.

Sturtevant, como es conocida en el mundo del arte ya que evitaba emplear su nombre de pila, es considerada como una de las artistas más originales.

Sus obras, sin duda alguna, son tan asombrosas y reconocibles como una serigrafía de Warhol o una de las banderas de Johns. Cada una de sus piezas se asemejan a las creaciones que otros artistas concibieron, pero cuentan con un sello propio que las hace diferentes y especiales.

 

A lo largo de su vida, Sturtevant exploró de diversas formas ideas sobre la autenticidad, iconicidad y la creación de las llamadas celebridades. De alguna manera, al copiar los estilos de otros era su medio para explorar lo que le interesaba.

Debido a esto, Elaine Sturtevant es considerada como una postmoderna antes del postmodernismo.

 

Por lo tanto, si hacemos una analogía podríamos decir que Sturtevant era una compositora que escribía variaciones sobre los temas de sus predecesores. El problema de esto fue que, en el mundo del arte, las consecuencias que pagó por el anterior planteamiento fueron severas.

 

En 1965 Sturtevant realizó su primera exposición individual en la Galería Bianchini de Nueva York, pero con el paso de tan solo unos cuantos años la crítica se volvió en su contra, así que no tuvo otra opción que retirarse la escena artística de dicha ciudad.

La siguiente etapa para Sturtevant fue complicada debido a que su estilo no fue bien recibido. Lo anterior hizo que se alejara de la vida pública del mundo del arte y que desde mediados de la década de los 70 hasta mediados de los 80 produjera muy poco.

 

No fue hasta 1986 con una muestra en White Columns de NY, que era un espacio alternativo de arte, que pudiera resurgir y lo hizo con tal fuerza que no hubo quien la detuviera ya que su obra es reconocida a nivel mundial.

 

Para muestra un botón. Resulta que en 2007 un original de Crying Girl, de Roy Lichtenstein, se vendió en $78 mil 400 dólares en una subasta. Cuatro años más tarde, el cuadro que pintó Sturtevant inspirándose en Crying Girl fue vendido en la módica cantidad de $710 mil 500 dólares.

Al final Sturtevant alcanzó su meta, ya que con su trabajo logró hacer preguntas sobre si existe la originalidad y la singularidad como nadie más lo había hecho y dejó su huella en el mundo del arte.