Tōru Takemitsu: el genio musical que sorprendió a Stravinski

Jueves 08 de Octubre 14.20 GMT

 

Hay dos rutas para abordar la genialidad del compositor de origen japonés, Tōru Takemitsu (1930): el mundo de la música clásica y el universo innovador de las melodías tradicionales.

De formación autodidacta, el músico compuso el soundtrack de 73 películas japonesas, como Kwaidan, Woman in the dunes, Silence y Empire of passion.

Nacido en Tokio, Takemitsu halló inspiración en la música occidental –particularmente la estadunidense–, en Webern, John Cage y en el jazz, pero su principal influencia radica en los sonidos de la música clásica francesa creada por Claude Debussy y Oliver Messiaen.

En 1951 formó el grupo Jikken Kobo, a partir del cual difundió la obra de numerosos compositores europeos a los escuchas japoneses, y en 1967 irrumpió en la industria musical con November Steps, la primera pieza filarmónica en la que se confluyeron instrumentos de origen oriental y occidental.

No obstante, su Réquiem para orquesta de cuerda, realizado en 1957, fue con la que conquistó al público, inclusive al icónico músico ruso Ígor Stravinski.

Las melodías de Takemitsu se caracterizan por su ligereza, sobriedad, belleza encantadora y esencia atmosférica.

“Para mí, componer es como trazar el mapa de un jardín… si caminas por un jardín, los elementos son siempre los mismos: caminos, rocas, árboles, césped. Pero a medida que avanza, cada elemento se ve diferente según su perspectiva… El color instrumental, las notas, los ritmos son como los elementos de un jardín; cada nuevo diseño es una pieza diferente”, aseveró el compositor sobre su proceso creativo.

Pionero en la búsqueda de lenguajes que reunieran los ritmos musicales del oriente y occidente, la composición más emblemática de Takemitsu es Niovember Steps para laúd Biwa, flauta de bambú Shakuhachi y orquesta.

Misma que fue comisionada por la Filarmónica de Nueva York para la celebración de los 125 años de la fundación de esa agrupación.

Tōru Takemitsu falleció el 20 de febrero de 1996, año en la que le otorgaron el reconocimiento póstumo Glenn Gould.

“Los sonidos vendrán del silencio. Un sonido siempre confronta el silencio”: Tōru Takemitsu