Pinceladas perdidas: piezas de arte robadas

Lunes 22 de Febrero 13.22 GMT

 

Por su valor cultural, estético y económico, importantes obras de arte han sido objeto de deseo de ladrones de diversas partes del mundo.

El ingenio de estos bandidos, sumado a la poca (o nula) vigilancia de algunos museos, ayudó a que poseyeran piezas de grandes artistas, aunque fuera por un breve lapso de tiempo.

Revisemos los casos que han acaparado más atención a través del tiempo y que, seguramente, te dejarán con el ojo cuadrado.

El robo del siglo

  • La Gioconda, de Leonardo da Vinci

En 1911, Vincenzo Perugia, italiano que trabajaba en el Museo del Louvre, entró en el recinto cultural y salió con la obra maestra de Leonardo da Vinci bajo su brazo: La Mona Lisa.

El robo fue notado hasta el día siguiente (sí, leíste bien, hasta el día siguiente), por un pintor. Por dicho motivo, el museo permaneció cerrado por un lapso de una semana en medio del escándalo.

Dos años después, el 10 de diciembre de 1913, el ladrón fue atrapado tras entregar la obra a un anticuario. 

Resulta que Perugia había podido robar la pintura sin mucha dificultad ya que él había instalado las puertas de vidrio que la protegían y conocía la poca seguridad del recinto.

El escandaloso incidente fue lo que convirtió a La Gioconda en la obra más famosa del mundo, ya que las personas se arremolinaban para ver el espacio vacío que dejó.

Imagen tomada del Museo del Louvre.

Foto tomada del Museo del Louvre.

La preferida de los ladrones

  • El Grito, de Edvard Munch 

Esta obra cuenta con cuatro versiones, de las cuales dos han sido robadas y recuperadas en los últimos 27 años.

El primer robo ocurrió el 12 de febrero de 1994 y pasó a la historia por lo sencillo que fue. Resulta que en tan solo 50 segundos, el ladrón Pal Enger montó una escalera en la Galería Nacional de Oslo, entró por la ventana, agarró la obra y bajó para escapar con un cómplice. Más fácil, imposible.

Después de cometer el atraco, Enger dejó una nota que decía: “Gracias por la mala vigilancia”.

Pocos meses después, el 7 de mayo, la obra fue recuperada por la policía de Noruega y otras instituciones.

Entre los datos curiosos de este famoso caso se encuentran que los ladrones pidieron al gobierno noruego un millón de dólares por la obra, oferta que fue rechazada, y que el atraco fue planeado durante cuatro años por Enger. Lo que realmente lo motivaba, era el reto de tener entre sus manos una pieza de arte tan valiosa.  

El segundo robo ocurrió en 2004 cuando hombres armados ingresaron al Museo Munch de Oslo y robaron dos de las obras más importantes: una versión de El Grito y la Madonna.

Dos años después aparecieron los cuadros, tras haberse realizado un operativo que contó con la colaboración de uno de los ladrones, el cual negoció una reducción a su condena.

El Grito, desafortunadamente, resultó dañada en la parte baja del lienzo.

Foto tomada del Museo de Noruega.

Botín de guerra

Desafortunadamente en diversos conflictos bélicos, el arte ha sido transgredido ante la oportunidad de saqueo y despojo.

  • El Tesoro Gurlitt 

Resulta un caso emblemático debido a que estaba compuesto de cerca de mil 500 piezas, varias de ellas incautadas por los nazis de museos por ser consideradas “arte degenerado” o expoliadas a galeristas y coleccionistas judíos.

El comerciante de arte Hildebrand Gurlitt juntó la colección tras haber sido elegido por los nazis para que vendiera las obras de arte.

El tiempo transcurrió y Cornelius Gurlitt, hijo de Hildebrand, fue quien heredó la colección que incluía obras de August Macke, Henri Matisse, Pablo Picasso, Toulouse-Lautrec, Edvard Munch y Max Liebermann.

Cornelius mantuvo un bajo perfil durante décadas, así que no fue hasta en 2012, por una investigación por posible evasión fiscal, que la policía de Alemania registró su casa en Múnich se supo del arte acumulado por esta familia.

Tan solo dos años después, al día siguiente que Cornelius Gurlitt falleciera, el Museo Kunst de Berna fue sorprendido al enterarse que había sido nombrado como heredero único de las mil 500 obras de arte.

La exposición Arte degenerado: confiscado y vendido fue puesta en marcha con dichas piezas.

Foto tomada del Museo Kunst. August Macke, Im Schlossgarten von Oberhöfen, 1914.
  • Tesoro libanés

Tres obras de mármol robadas durante la guerra libanesa (1975-1900) -entre ellas, la cabeza de un toro que era expuesta en el Museo Metropolitano de Nueva York- fueron devueltas a Líbano en enero de 2018.

Además de la cabeza de toro, que se calcula data del año 360 a.C y está valuada en $1.2 millones de dólares, se recuperaron un busto masculino y una estatua casi completa que datan de los siglos 4 y 5 a.C.

Esto se dio luego que Estados Unidos aceptara devolverlas tras confirmar que pertenecían a Líbano. El cómo llegaron aún sigue siendo un misterio sin resolver.

La repatración de las obras de arte fue precedida por una ceremonia organizada en Nueva York por el cónsul en este país de aquel momento, Majdi Ramadán, y el fiscal de Manhattan, Cyrus Vance.

Estas piezas de mármol, descubiertas en 1970 cerca de la ciudad de Sidón, fueron robadas de la ciudad de Biblos en 1981.

De regreso a casa

  • Le Choristes, de Edgar Degas

Por un golpe de suerte, la policía aduanera de París halló el 16 de febrero de 2010, en el maletero de un autobús, la pintura Le Choristes (1877), de Edgar Degas.

El cuadro fue sustraído del Museo Cantini de Marsella, donde estaba como préstamo, a finales de diciembre de 2009.

Todo sucedió cuando la policía realizaba controles aleatorios en el área de descanso de Ferrières, a unos 30 kilómetros de París, cuando encontró la obra.

El valor estimado de este pequeño lienzo de 32 x 27 centímetros es de $1 millón de dólares.

Foto tomada de Wikimedia Commons.
  • Retrato de la señora James Reeves, de Salvador Dalí

En 1917, las autoridades libanesas incautaron un lienzo que podría ser el Retrato de la señora James Reeves (1954), de Salvador Dalí, robada en un país vecino.

El cuadro fue ubicado en la casa de uno de los tres sirios que habían sido detenidos por las autoridades, en el barrio beirutí de Aramoun, en el centro de la capital libanesa.

Por regresar el cuadro, los traficantes habían pedido $5 millones de dólares a una coleccionista libanesa que residía en Francia.

Foto tomada de la Fundación Gala-Salvador Dalí.