Marina Abramovic hace (indefinidamente) de su cuerpo una obra de arte

Jueves 21 de Octubre 09.37 GMT

 

El arte de Marina Abramovic explora, como ningún otro, los límites del cuerpo debido a que mira los enredos del amor y confronta al miedo.

A lo largo de su larga y consolidada trayectoria profesional, la artista serbia ha sometido a su cuerpo a situaciones extremas, inimaginables, para hacer de este el arte.

Abramovic emplea su corporiedad para alojar una experiencia que, precisamente, se deshace cuando entra en contacto con otros.

Debido a esto mañana, a sus 74 años, recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Artes en Oviedo, al norte de España, un galardón que reconoce una vida dedicada al arte y a abrir paso al performance como una disciplina más por lo difícil que era entender en un principio.

Y para celebrar que Marina Abramovic recibirá esta presea hablaremos de dos de sus principales obras: Ritmo 0, considereda por muchos críticos como la más perturbadora, y La artista está presente, su pieza más famosa.

 

 

 

RITMO 0

 

Durante seis horas, Marina Abramovic se dispuso a ser cosa, literalmente como lo lees. Resulta que en una galería en Nápoles, la artista se plantó para que los espectadoras hicieran con ella lo que quisieran.

Al planteamiento le dio un gira al colocar 72 objetos. Colocó una rosa, un perfume, uvas, tijeras, pan, vino y una pistola cargada con una bala.

En la habitación cerrada en la que llevó a cabo las instrucciones colocó una sencilla instrucción. Durante 6 horas (de las 8 PM a las 2 AM) puedes hacer lo que quieras con estos instrumentos. Yo soy una cosa más. Durante todo este tiempo, asumo plena responsabilidad de lo que suceda.

Las primeras intervenciones del público fueron inocentes, pues alguno la movió de lugar, otro le levantó las manos, la acarició, le dio un beso. Pasó el tiempo y las cosas cambiaron de tono.

Un hombre agarró una navaja y le cortó la ropa, otros la hirieron y chuparon su sangre, pero uno más acercó la pistola a su cabeza, lo que desató una pelea en el grupo. 

Lo más sorprendente fue que, a las 2 AM, el dueño de la galería avisó que el performance había llegado a su fin. Cuando Marina Abramovic se espabiló vió que todos los que participaron en la pieza corrían para no enfrentarla, pues había recuperado su voluntad y ella volvía ser persona y eso, hasta cierto punto, era insoportable para ellos. 

 

 

 

LA ARTISTA ESTÁ PRESENTE

 

Marina Abramovic ideó esta pieza cuando el Museo de Arte Moderno de Nueva York organizó una exposición retrospectiva de su trabajo.

La que en aquel momento solo sería la obra central de dicha muestra se convirtió en su intervención más famosa y, tal vez, la más elemental y más profunda.

La artista se hizo presente con su mirada. Frente a la artista solo fue colocada una silla vacía invitando al público a tomar asiento con el único propósito de que sus miradas se encontraran, así de sencillo pero desafiante.

Abramovic hizo lo impensable en un mundo en el que se le rehúye al contacto: planteó sumergirse en el presente, conectar con el otro a un profundo nivel.

La contemplación, acción a la que el humano suele eludir, y la conexión son ahora parte de su extraordinario legado.