Fauvismo: la expresión del sentimiento a través del color

Miércoles 13 de Mayo 16.25 GMT

 

El Fauvismo fue un movimiento pictórico originado en Francia de 1904 a 1908 que se caracterizó por un empleo provocativo del color.

Su nombre proviene de la expresión les fauves, las fieras, que el crítico de arte Louis Vauxcelles dio al conjunto de obras que se presentaron en la Sala VII de la tercera exposición del Salón de Otoño en el Gran Palacio de París, en 1905.

Este movimiento en el que se usaban e incluían características de movimientos artísticos próximos, buscaba volver a la pureza de los recursos e ir más allá de lo logrado en la pintura, aspectos que los definían como vanguardistas.

Henri Matisse, André Derain y Maurice de Vlaminck fueron el triángulo esencial de este movimiento que, aunque duró muy poco tiempo, trascendió hasta nuestros tiempos.

En 1905 estos tres artistas expusieron en el Salón de Otoño juntos a sus colegas George Rouault y Henri Manguin, siendo la primera exposición del grupo fauvista en la que se expresaba la emoción a través del color.

Henri Matisse (1869-1954)

Considerado el máximo exponente de los fauvistas, Matisse fue el único de ellos que nunca cambió su dirección.

Matisse buscaba expresar en su obra el sentimiento a través del uso del color y la forma. Su verdadera liberación artística se produjo bajo la influencia de Van Gogh y Gauguin.

Ventana abierta, Collioure (1905), Mujer con sombrero (1905) y La Gitana (1906) son obras en las que Matisse plasmó su pasión por este género.

La Alegría de Vivir es una obra clave en la trayectoria de Matisse, ya que en en ella resume su aprendizaje inicial de Gauguin, de las estampas japonesas y de los iconos persas y bizantinos. 

André Derain (1880-1954)

Conoció en la Academia Carriere a Matisse y Vlaminck. Su inclinación a los matices, su juventud impetuosa y su febril perseverancia lo hicieron brillar en el movimiento fauvismo.

Fuertemente influenciado por el arte de Van Gogh y de Paul Cézanne, Derain realizó una serie de pinturas entre las que destacan Una Esquina de Hyde Park, El Puente de Westminster y El London Bridge. En 1908, sin razón alguna, destrozó sus obras y comenzó a pintar paisajes muy al estilo de Cézanne.

Maurice de Vlaminck (1876-1958)

Proveniente de una familia de músicos bohemios, Vlaminck llegó al mundo de la pintura a causa de una fiebre tifoidea que lo hizo abandonar su vocación de ciclista y tras entrar en el ejército y conocer a Derain, decidió que probaría suerte con el arte.

Junto a Derain formó un estudio en el que pintaban y creaban en un ambiente de amistad. La cercanía con Derain lo llevó a conocer y admirar el arte de Van Gogh, que influyó en el colorido y la estética de sus obras.

Orillas del Sena, El Remolcador y Serie Bougival son solo algunas de las obras en las que el artista permitió que el color hablara por él mismo.