Tres artistas psicodélicos y su revolución estética

Jueves 22 de Julio 15.33 GMT

 

En la década de los 60, obras de artistas como Rick Griffin, Alton Kelley y Stanley Miller, alias Mouse, definieron la estética del naciente rock de San Francisco.

Estos creativos combinaron elementos de pop art con art nouveau y art déco para crear elementos gráficos de productos comerciales totalmente innovadores.

El objetivo de estos artistas era rescatar estilos olvidados y presentarlos de una forma totalmente diferente.  

El resultado final fueron innovadoras creaciones, con letras fantasiosas de difícil lectura para los que no estuvieran sumergidos en este mundo. Había guiños humorísticos y, de alguna manera, encajaban con el espíritu exploratorio de los grupos, espoleado por el LSD y otras sustancias.

Alton Kelley, ilustrador de carteles y camisetas, fue uno de los grandes responsables de la explosión gráfica que acompañó a la aparición del rock ácido de San Francisco.

La carrera de Kelley inició cuando este empezó a pintar en los depósitos de motocicletas y poco a poco se fue haciendo de un nombre. 

Resulta que no pasó mucho tiempo para que este formara parte de Family Dog, un colectivo que montó los primeros conciertos del rock de San Francisco, los cuales se llevaban a cabo en salones sindicales.

Un elemento esencial de aquellos eventos eran los carteles, que se colocaban en cualquier superficie disponible y eran arrancados inmediatamente, así que a Kelley se le ocurrió realizar pósters realmente audaces para Family Dog.

Kelley se alió con otro artista, Stanley Miller para fundar Mouse Studios, una innovadora productora de carteles.

Fue gracias a la visión de Miller que su compañía pudo perfeccionar la estética psicodélica antes de que existiera. 

En San Francisco, se convirtió en uno de los cinco grandes diseñadores de carteles artísticos de rock psicodélico, pues encontró y manipuló a la perfección imágenes del dominio público que le daban al género su aspecto característico.

El ecléctico trabajo de Mouse abarcó muchos medios y décadas de influencia pop, por lo que su trabajo sigue siendo admirado hasta la actualidad.

Lo mismo ocurrió con el trabajo de Rick Griffin, que tiene en su haber algunos de los carteles más conocidos de los años 60.

El también surfista, que encontró inspiración en dicha actividad, se convirtió en todo un ícono debido a que mezclaba elementos de nativos americanos y elementos psicodélicos como nadie más. 

En aquella época artistas de la talla de Jimi Hendrix y The Doors buscaban a Griffin para que este realizara sus carteles, pues sabían que serían todo un éxito.

Aunque el boom de los carteles psicodélicos terminó con la década de los 60 la reputación (y talento) de estos artistas se ha mantenido hasta nuestro días, formando así parte importante de la historia.