El texto del Dalai Lama para reflexionar y alcanzar la paz

Lunes 22 de Junio 11.40 GMT

 

En estos tiempos en de pandemia mundial en los que nos hemos visto obligados a permanecer aislados y lejos de familiares y amigos, la ansiedad, el temor y los pensamientos negativos pueden ser una constante en nuestras vidas.

Leer, ejercitarte, meditar, hacer manualidades y aprender nuevas cosas pueden ser una gran opción de terapia para contrarrestar las bajas en el estado anímico.

Además de seguir las medidas sanitarias que constantemente nos han repetido en los distintos medios de comunicación, estar bien con uno mismo es una de las prácticas diarias que pueden ayudarnos a sobrellevar de mejor manera esta "nueva normalidad". 

El Dalai Lama es uno de los líderes que se ha manifestado durante la pandemia y asegura que para lograr la paz mental que tanto se anhela, es necesario identificar lo que nos molesta y sacarlo de nuestras vidas.

 

“No es suficiente rezar por la paz mental, tenemos que examinar lo que nos perturba y eliminarlo. Del mismo modo, solo desear estar bien no curará la enfermedad física; debe adoptar las medidas preventivas y tomar el medicamento recetado”, publicó recientemente en sus redes sociales el líder budista.

 

En esta ocasión, retomamos un escrito del Dalái Lama en el que destaca el enorme valor de practicar la calma y los beneficios que se obtienen al encontrarla.

Te recomendamos leerlo en un espacio tranquilo, libre de ruido y con la convicción de que pase lo que pase, al final, todo estará bien.

Se llama calma y me costó muchas tormentas.

Se llama calma y cuando desaparece, salgo otra vez a su búsqueda.

Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar.

Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.

Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría.

Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar.

Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar.

Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.

Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.

Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad.

Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar.

Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…