Cuatro personajes imperdibles del cine de Akira Kurosawa

Viernes 26 de Marzo 06.23 GMT

 

Toda persona que se considera cinéfilo seguramente está familiarizada con el nombre de Akira Kurosawa, incluso si no ha podido ver todas sus películas, debido a que tiene una reputación que le precede.

Para tener referencia, Kurosawa fue el primero que trajo el cine japonés a Occidente, así que por esto decidió estudiar meticulosamente a John Ford e incluso encontró a su propio John Wayne en Toshiro Mifune.

Kurosawa allanó el camino para el animé que conocemos hoy y, a través de su música y lenguaje visual, transportó culturas y reveló puntos de coincidencia entre personas de nacionalidades tan diferentes.

Es justo decir que casi cualquier conversación de cine japonés empieza con Kurosawa.

En 2012 una encuesta del British Film Institute a directores y críticos de todo el mundo, calificaron a Seven Samurai y Rashomon como dos de las mejores 25 películas de todos los tiempos. Otras más que mezclan magistralmente la comedia con gran heroicidad se encuentran dentro de las mejores 250 películas de la historia, según usuarios de IMDb.

Con lo anterior en mente llegó el momento de sumergirnos en el universo fílmico de Akira Kurosawa y hablar de cuatro de sus personajes más entrañables.

Masako en Rashomon, 1950

Realmente no hay excusa para no ver la película que sirvió como el gran éxito internacional de Kurosawa. 

Rashomon, que es una adaptación de un cuento llamado In a Grove, de Ryūnosuke Akutagawa, ofrece cuatro relatos sobre el ataque del bandido  Tajomaru a Masako y su esposo samurai en el bosque, resultando en un buen ejemplo de narración poco confiable y no-cronológica. La película, entre más avanza, ve a la verdad volverse más confusa.

Sin embargo, tras los testimonios del resto de los involucrados en la historia, las verdaderas intenciones de Masako poco a poco salen a la luz. Admitiendo contradicciones, confesando intenciones de escapar y realidades de desamor ante una sociedad que se para frente a un cambio industrial y social en donde los valores tradicionales ya no aplican.

Al final, el personaje de Masako es quien más se parece a nosotros y a nuestras intenciones más ocultas, evidenciando así la importancia de su personaje en uno de los filmes más atesorados del cineasta japonés.

 

 

Kikuchiyo en Seven Samurai, 1954

Considerada como la gran obra maestra de Akira Kurosawa, los Siete Samurais cuenta con una dirección, iluminación y guión impecable en sus tres horas y media de función, contando la historia de Kikuchiyo y otros samurais que son contratados para defender a una aldea de agricultores de una banda de saqueadores.

Es en este filme que se hace notar la gran influencia de John Ford, ya que los sombreros de vaqueros se combinan con las espadas incansables de los guerreros japoneses. 

Kikuchiyo, protagonizado por Toshiro Mifune, formó una inolvidable dupla de trabajo con Kurosawa como lo han hecho Martin Scorcese y Robert De Niro, es un insolente aventurero que sirve de contraparte al estoico líder Kambei Shimada.

Juntos viven una travesía de honor, deber y amistad, que al final comprueban que hay mucho valor en los efectos y las complejidades de la narración.

Kikuchiyo es uno de esos personajes entrañables del cine por su complicada personalidad y que de seguro ha marcado a más de un espectador.

 

Sanjuro Kuwabatake en Yojimbo, 1961

Para el estreno de Yojimbo, Kurosawa ya había tenido más éxito en Occidente que en el propio Japón utilizando influencia como Dashiell Hammett y nuevamente John Ford, y con esta película protagonizada por el habilidoso y compasivo samurai Sanjuro Kuwabatake, quien se adentra a una desolada ciudad japonesa y se da la tarea de eliminar a las pandillas violentas.

Con este personaje, Kurosawa sentó las bases para otros memorables protagonistas e historias como lo fueron Sergio Leone y Clint Eastwood.

Aquí, Sanjuro pone a prueba sus capacidades físicas y morales bajo los términos de tiempo, beneficio y riesgo, viéndolo salir de su camino para intentar hacer el bien, no por conveniencia, sino porque cree que es lo correcto, a pesar de que eso le podría costar la vida.

 

Kanji Watanabe en Ikiru, 1952

Ikiru significa vivir y en esta nostálgica entrega de Akira Kurosawa el protagonista es Kanji Watanabe, un viudo de mediana edad desesperado por su vida desperdiciada y sin amor, quien se lanza a la vida nocturna de Tokio en la posguerra buscando placer que finalmente resulta hueco.

“Este hombre carga una cruz llamada cáncer,” se escucha durante su escapada al barrio rojo, aunque, al final, lo realmente llamativo de Watanabe, es que a pesar de que el cáncer le está carcomiendo el estómago, el verdadero problema radica en qué es lo que le está carcomiendo el corazón.

Watanabe es un personaje que refleja uno de los mayores males de nuestro tiempo: la soledad.

El famoso crítico de cine Roger Ebert consideró Ikiru como la mejor película de Kurosawa.