Protege tu biblioteca con estas maldiciones medievales

Jueves 21 de Febrero 00.40 GMT


Protege tu biblioteca con estas maldiciones medievales


Que te roben un libro (o que no te lo devuelvan) es de las peores cosas que te pueden pasar. Por ello te recomendamos estas maldiciones medievales te ayudarán a proteger tu biblioteca.

En la Edad Media, cuando los libros eran escasos y muy costosos (porque las copias se hacían a mano), la gente acostumbraba protegerlos poniendo estas maldiciones en la primera o última página, como una especie de exlibris. Así lo asegura Marc Drogin en su libro Anatema: Escribas medievales y la historia de las maldiciones de los libros

Como en aquella época uno de los miedos más grandes era irse al infierno, estas maldiciones hacen referencia a ese castigo, mientras que otras explican detalladamente todos los males que se les deseaban a los ladrones.

Maldiciones poderosas

Una de las maldiciones más comunes era: "Que la espada de anatema caiga sobre quien robe este libro".

Otras popular era: "En el infierno, quien de este libro una hoja doblare se tostará"; o en variantes como: "quien una marca o manchón hiciere, se rostizará", "quien este libro robare, en el infierno se cocinará".

Algunas eran un poco más dolorosas, pues englobaban más castigo para más delitos: "A quien robe o aliene este libro, o lo mutile, será asimismo cortado del cuerpo de la iglesia y mantenido apartado".

Pero quizás ninguno compita con esta larguísima maldición:

"Aquel que robe, tome y no devuelva este libro a su dueño, que su brazo se transforme en una serpiente que lo muerda y rasgue. Que de él se apodere la parálisis y sus miembros queden malditos. Que desfallezca de dolor llorando por piedad, y que no haya descanso para su agonía hasta que él mismo cante en su disolución. Que los gusanos de los libros roan sus entrañas sin morir jamás, y cuando por fin se vaya a su castigo final, que las llamas del infierno lo consuman para siempre."

Ahora que ya sabes cómo protegían libros en épocas remotas, te invitamos a devolver todo texto ajeno, prestado o incluso que hayas hurtado, a menos que desees que tus brazos se conviertan en serpientes.