Arthur Rimbaud: El poeta rebelde que también traficó armas
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Arthur Rimbaud: El poeta rebelde que también traficó armas

La realidad a través del tiempo no difiere demasiado.

Un poeta que, lo es por vocación y convicción sabe que las ganancias económicas nunca son justas.

Y hay quienes acuden o acudieron a lo que sea por seguir en la vida o en las letras.

Este fue el caso de Arthur Rimbaud, uno de los máximos exponentes del simbolismo.

Su formación corrió a cargo de una madre autoritaria.

Desde muy joven mostró gran inclinación por la literatura y en igual proporción por la rebeldía.

En 1870 se fuga por primera vez de casa y a partir de entonces su ruta fue trazada.

Él quería conocer el mundo, experimentar la poesía en carne propia y vivir intensamente.

Así, su escritura al igual que su proceder, fue cuando él quería.

Rimbaud recorrió parte de Europa, Asía y África.

Sostuvo una relación tormentosa, apasionada y terrible con Paul Verlaine, también poeta.

Intensos ambos, incluso fue a dar a la cárcel por dispararle a Rimbaud.

En el norte de África se convirtió en traficante de armas al servicio del rey Menelik II de Etiopía, y contrajo matrimonio con Mariam.

Su paso por este mundo estuvo lleno de excesos, de experiencias de todo tipo, de búsquedas y respuestas, de letras.

¿Y su obra?

 

Nació en Francia en 1854. En sus escritos, uno de los temas más recurrentes fueron el subconsciente, el ocultismo y la religión.

Nunca dejó la escritura del todo, deseó ser periodista, sin embargo sus actividades no le permitían la estabilidad que el puesto requería.

Algunas de sus obras más destacadas fueron la publicación Carta del Vidente, un poema titulado Poema en el barco ebrio y el libro autobiográfico Una estancia en el infierno.

También debemos mencionar el poema El color de las vocales en el cual le asigna una relación inquebrantable a las letras y tonos, que se ha prestado a un sinfín de interpretaciones.

Rimbaud muere en 1891, en un hospital de Marsella y pasó a la historia como un poeta que desafió toda regla y vivió a su modo. 

¡La hemos vuelto a hallar! ¿Qué? La Eternidad…. Es la mar mezclada con el sol. Arthur Rimbaud

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