Demonios y fantasía en las obras surrealistas de Joan Miró

Lunes 20 de Abril 09.54 GMT

 

Un día como hoy, de 1893, nació Joan Miró, pintor, escultor, grabador y ceramista español, uno de los máximos representantes del surrealismo.

Su interés por las tradiciones de Cataluña y el subconsciente, en lo infantil, fueron su principal inspiración.

Conoce a detalle cinco obras de este emblemático artista.

El Carnaval del Arlequín (1924-1925)

Esta pintura es uno de los principales cuadros de la época surrealista de Miró. Forma parte de la colección de la Albright-Knox Art Gallery en Buffalo, Estados Unidos.

El cuadro se exhibió al lado de obras de Paul Klee, Pablo Picasso y Max Ernst, entre otros, en la exposición colectiva de la Peinture surréaliste de la Galería Pierre (París) a finales de 1925 y fue un gran éxito.

Se le considera el inicio de la plenitud de la etapa de Joan Miró y refleja una etapa complicada que el catalán vivía mientras la creaba, ya que pasaba momentos difíciles de gran escasez económica y alimenticia.

“Intenté plasmar las alucinaciones que me producía el hambre que pasaba. No es que pintara lo que veía en sueños, como decían entonces Breton y los suyos, sino que el hambre me producía una especie de tránsito parecido al que experimentaban los orientales”, explicó el mismo artista.

Bodegón del zapato viejo (1937)

Es una pintura al óleo que en la actualidad puedes apreciar en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, (MoMA).

Al estallar la Guerra Civil Española Miró tuvo que refugiarse con su esposa e hija en Francia, quedando limitado en su espacio para trabajar, por lo que tuvo que crear muchas de sus obras en el entresuelo de la Galería Pierre.

También conocida como Naturaleza muerta del zapato viejo, esta obra refleja la angustia que le provocaba a Miró la situación en España durante la guerra; además, marca la postura del catalán respecto a la situación, quien contempla, anuncia y pinta con mucho detalle la escalada del mal.

Mujer, pájaro, estrella (Homenaje a Pablo Picasso) (1966-1973)

Miró definía a Picasso como un hombre fascinante y es notable la influencia que este tuvo en la obra del catalán desde el inicio de su carrera, que arrancó con un particular punto de vista del cubismo.

La composición de esta obra se centra en tres figuras específicas y esenciales del estilo de Miró, la mujer, como vínculo entre el ser humano y la tierra, junto al pájaro y la estrella, que representan la atracción poética y espiritual.

La obra hecha con técnica de óleo sobre lienzo fue terminada el día en que murió Pablo Picasso, amigo de Miró, por esa razón, el catalán escribió al reverso las fechas de inicio y finalización de la misma junto con las palabras “Homenatge a Pablo Picasso” (Homenaje a Pablo Picasso en catalán), mismas que se añadieron posteriormente al nombre de la obra.

El Sol, la Luna y una Estrella (1981)

Esta obra, también conocida como Miró’s Chicago, está ubicada entre el Edificio de Administración del Condado de Cook y el Edificio del Templo de Chica, en el área comunitaria del centro de Loop de Chicago, Illinois.

La escultura mide 12 metros de altura y está  hecha de acero, malla de alambre, concreto, bronce y baldosas de cerámica.

En 1969, Brunswick Corporation encargó la obra a Miró, pero el proyecto era muy costoso y decidieron no hacerlo. El modelo que el artista hizo para la compañía pertenece a la colección del Museo de Arte de Milwaukee.

En 1979, la primera alcaldesa de Chicago, Jane Byrne, encontró fondos para la escultura y con ayuda de fundaciones y particulares se logró la creación de la misma.

Mujer y Pájaro (1983)

Fue la última obra de grandes proporciones de Miró, cuya inauguración se celebró sin su presencia debido a los graves problemas de salud que padecía.

Situada en el parque de Joan Miró de Barcelona, al pie de un lago artificial, la escultura de 22 metros de altura representa la forma femenina con sombrero y un pájaro.

Al observar la obra se puede apreciar un espacio ahuecado cubierto de cerámica negra que toma forma de vagina, elemento característico del lenguaje del catalán. 

El exterior está recubierto con cerámica de colores rojos, amarillos, verdes y azules, los más representativos del artista, tratados con técnica de trencadís, término catalán que se traduce como troceado o “picadillo” y consiste en la aplicación ornamental del mosaico a partir de fragmentos cerámicos, básicamente azulejos, unidos con argamasa, técnica habitual y característica en la arquitectura modernista catalana.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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