La evolución de la ópera alemana a través de los años

Lunes 14 de Septiembre 10.10 GMT

 

La ópera alemana destaca entre las más prolíficas a nivel mundial, conoce detalles de su historia y evolución con el paso de los años.

La primera ópera del mundo fue Dafne de Jacopo Peri, surgida en Florencia en 1598. Tres décadas más tarde, Heinrich Schütz tomó el mismo libreto en una traducción del poeta Martin Opitz y dio vida a la primera ópera en lengua alemana.

Al igual que en Italia, los primeros impulsores de la ópera en Alemania fueron la realeza y la nobleza, y tendieron a favorecer a los compositores y cantantes del sur de los Alpes.

La ópera italiana ejerció gran influencia en las tierras de habla alemana a través de los periodos Barroco y Clásico.

También las formas nativas comenzaron a desarrollarse.

En Núremberg, en 1644, Sigmund Staden produjo el primer singspield, una forma popular de ópera en alemán dentro de la que se alterna el canto con los discursos hablados.

Para finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, un teatro en Hamburgo presentó óperas alemanas de Keiser, Telemann y Händel. 

Pese a ello, muchos de los más grandes compositores alemanas de dicha época, incluyendo al mismo Händel, Graun, Hasse y posteriormente Gluck, eligieron escribir la mayor parte de sus óperas en idiomas extranjeros, especialmente en italiano.

 

Ópera alemana en Hamburgo (1678-1738)

 

En 1678, surgió la fundación del Theater am Gänsemark en Hamburgo, dirigido a la clase media que prefería ópera en su propio idioma.

El nuevo teatro operístico abrió sus puertas con la representación de Der erschaffene, gefallene und aufgerichtete Mensch, de Johann Theile, basada en la historia de Adán y Eva.

Sin embargo, el teatro pasó a ser dominado por el trabajo de Reinhard Keiser, un compositor muy prolífico que escribió más de cien óperas, sesenta de ellas para Hamburgo.

 

Inicialmente todas las obras presentadas en Hamburgo estaban basadas en temas religiosos, sin embargo, Keiser y otros compositores, entre ellos Johann Mattheson, sumaron nuevas temáticas, incluyendo históricas y mitológicas.

El más famoso compositor alemán de esta era fue Händel, quien escribió cuatro óperas en el inicio de su carrera para Hamburgo, de las cuales solo Almira sobrevive en buen estado. 

 

Sin embargo, después se dedicó a escribir ópera seria en Italia e Inglaterra.

 

El crecimiento del singspiel

 

Los principales compositores alemanes tendieron a seguir el ejemplo de Händel, ya que las cortes de varios estados alemanes favorecían la ópera en italiano. 

En 1730, el principal autor de la ópera seria, el libretista italiano Metástasis, se afianzó como poeta imperial de Viena.

Privada del patrocinio aristocrático, la ópera en alemán fue forzada a enfocarse al público en general para sobrevivir, lo que provocó que las compañías teatrales viajaran de ciudad en ciudad.

El singspiel se convirtió en al forma más popular de la ópera alemana, en especial, de la mano del compositor Johann Adam Hiller.

 

 

La era clásica de la ópera alemana

 

A finales del siglo XVIII, la mayoría de los compositores de origen alemán continuaban evitando escribir ópera en su propia lengua.

En esta era, Mozart se consolidó como un gran compositor de ópera, aportando también al singspel con Der Schauspieldirektor (1786), además de sus grandes óperas italianas como Le nozze di Figaro, Così fan tutee y Don Giovanni.

 

Ludwing van Beethoven también fue un compositor prolífico en otros géneros, no compuso muchas obras dramáticas.

 

Siguió la línea mozartiana de La flauta mágica, con la combinación de comedia doméstica y obra seria.

Las óperas rescatadas de Luigi Cherubini fueron inspiradoras para el alemán.

 

Ópera romántica

 

En los primeros años del siglo XIX, el Romanticismo comenzó a ejercer sus influencias en los compositores alemanes. 

La búsqueda de una identidad alemana distintiva, influenciada por el nuevo nacionalismo fueron gran fuente de inspiración para los compositores de la época.

E.T.A. Hoffman y Lous Spohor, fueron exponentes de esta época y tomaron la forma básica del singsiel com punto de partida, pero comenzaron a agrupar los números individuales en escenas extendidas.

La mayor brecha en la historia de la ópera romántica alemana fue Der Freischütz de Carl Maria von Weber, presentada por primera vez en Berlín, en 1821.

 

Weber buscó establecer con sus composiciones un estilo de ópera alemana. Tomó las canciones populares y el folclore alemán como fuente de inspiración.

El sucesor más importante de Weber en el campo de la ópera romántica fue Heinrich Marschner, quien además exploró el arte gótico y lo sobrenatural.

Albert Lotzing logró con la ópera cómica tener gran éxito.

Die lustigen Weiber von Windsor (1849) de Carl Otto; Nicolai y Martha (1847) de Friedrich von Flotow. Luego llegaron Peter Cornelius (Der Barbier von Bagdad, 1858), Hermann Goetz (Der Widerspänstigen Zähmung, 1874) y Karl Goldmark (Die Königin von Saba, 1875) fueron otras de las óperas notables de la época romántica.

Franz Schubert y Robert Shcumann también fueron dos grandes compositores de la era que escribieron sus principales obras en otros géneros, pero que también compusieron óperas.

Richard Wagner fue uno de los más revolucionarios y controvertidos compositores en la historia de la música, y la influencia de sus innovaciones cambió el curso de la ópera, no solo en Alemania y Austria, sino en toda Europa.

Wagner se inició como imitador, o seguidor del estilo de Weber, aunque su principal influencia formativa fue probablemente la música sinfónica de Beethoven. 

Más adelante Wagner fue pionero en un estilo de composición diferente. Gradualmente desarrolló un nuevo concepto de ópera como Gesamtkunstwerk (una obra de arte completa), un afusión entre música, poesía y pintura.

 Der fliegende Holländer (1843) junto a Tannhäuser y Lohengrin, fueron descritas como el cenit de la ópera romántica alemana, pero únicamente fueron el preludio a progresos aún más radicales.

En sus dramas maduros, Tristan und Isolde, Die Meistersinger von Núrmberg, Der Ring des Nibelungen y Parsifal, Wagner abolió la distinción entre aria y recitativo en favor de un flujo continuo de melodía sin fin, dejando de lado los números cerrados de la ópera italiana o el singspiel.

Incrementó en gran medida el rol y el poder de la orquesta, creando tramas con una compleja red de leitmotivs, recurso que utilizó extensivamente; y estuvo preparado para violar convenciones musicales aceptadas, tales como el sistema tonal, en este caso, para mayor expresividad.

Wagner también trajo una nueva dimensión filosófica a la ópera alemana con sus obras, las cuales estaban basadas en historias de la mitología germánica y las leyendas arturianas.

Finalmente, construyó su propio teatro de ópera en Bayreuth, dedicado exclusivamente a presentar sus trabajos en el estilo que él deseaba.

 

Ópera romántica posterior

 

Las innovaciones de Wagner influyeron por completo en los compositores siguientes, que intentaban absorber sus influencias sin perder su propia individualidad.

Uno de los más exitosos compositores de la siguiente generación fue Engelbert Humperdinck, cuya Hänsel und Gretel (1893) continúa siendo un clásico.

 

Hugo Wolf y Siegfried fueron otros compositores de la era que destacaron en la ópera alemana.

A finales del siglo XIX, una nueva y ligera forma de ópera, la opereta, se tornó popular en Viena.

Las operetas tenían melodías atractivas, tramas cómicas (y a veces frívolas) y utilizaban diálogo hablado entre los números musicales. 

Die Fiedermaus (1874), de Johann Strauss, es el ejemplo más famoso de este género.

Los años siguientes a la Primera Guerra Mundial, los últimos compositores románticos todavía estaban en su labor, junto a los modernistas declarados Schoenberg y Berg.

Los compositores posteriores a la Segunda Guerra Mundial tuvieron que encontrar el modo de recomenzar tras el Tercer Reich.

El modernismo de Schoenberg y Berg resultó atractivo a los jóvenes compositores, puesto que sus trabajos habían sido prohibidos por los nazis y estaban libres de cualquier influencia del régimen anterior.

Hans Werner Henze es uno de los compositores más versátiles e internacionalmente conocido de la post-guerra.

Karlheinz Stockhausen y Gislher Kleber también crearon grandes obras operísticas después de la Segunda Guerra Mundial.

Destacados compositores continúan produciendo óperas en el siglo XXI, entre ellos destacan Wolfagang Rihm y Olga Neuwirth.