Jean-Honoré Fragonard, el pintor de la sensualidad del siglo XVIII

Lunes 05 de Abril 09.11 GMT

 

El pintor Jean-Honoré Fragonard fue uno de los artistas más prolíficos del siglo XVIII y, sin duda alguna, de los más reconocidos.

Fragonard exploró todos los estilos pictóricos: desde el retrato hasta los paisajes y las escenas familiares, pero destacó y será recordado por la representación de sensuales escenas.

Su trayectoria profesional estuvo marcada por un viaje que realizó a Italia, ya que en aquel país empezó su romántica observación de jardines, fuentes, templo y terrazas, elementos que incluiría más adelante en sus obras.

Cuando regresó a París su estilo aún no estaba definido, así que en un principio se enfocó en la pintura religiosa e histórica, pero esta temática lo cansó y simplemente la dejó.

Después de esto Fragonard decidió representar escenas de amor y placer, como las que había puesto de moda François Boucher con su estilo galante, propio del rococó, y del que había sido discípulo.

Pronto su trabajo, lleno de sensualidad y erotismo para aquella época, fue reconocido en la corte de Luis XV.

Los trazos del pintor son ligeros y llenos de colores, pero su estilo es marcadamente rococó y voluptuoso, por lo que fue conocido como el querubín de la pintura erótica.

Entre sus mejores clientes se encontraban aristócratas y altos burgueses, así que rápidamente se volvió un artista bastante cotizado.

En sus obras Fragonard plasmaba escenas de amor en las que imperaba la insinuación, sin caer en lo vulgar.

El columpio, El beso robado, Las bañistas y El cerrojo, son algunas de sus obras más famosas en las que el espectador puede disfrutar de lo erótico con una asombrosa elegancia.

Luego de que se casó, Fragonard cambió la temática de sus pinturas. El pícaro tono de sus obras se acabó y empezó a concentrarse en las atmósferas pastoriles y bucólicas.

El éxito de este artista terminó en cuanto la Revolución Francesa comenzó, debido a que sus mejores clientes resultaron afectados con la misma y su estilo entró en desuso, ya que en aquel momento lo importante, al menos en el ámbito del arte, era lo relacionado a la historia y los grandes formatos.

En 1793 Fragonard dejó París para regresar a principios del Siglo XIX, pero terminó en la miseria absoluta y así es como murió.