Enviado por karina.vargas el Mar, 11/24/2020 - 23:23
La moda de mujeres en la era industrial del siglo XIX. FOTO: Wikimedia Commons

 

La constitución de la moda, como la conocemos hoy en día, ha pasado por un largo proceso de perfeccionamiento y cambios a lo largo de la historia, desde que comenzó el hombre a vestirse por necesidad hasta que el acto de usar una prenda se convirtió en un reflejo de identidad, estatus social y económico.

Si bien el uso de ropa y adornos corporales ha sido, desde tiempos inmemoriales, un acto exclusivamente humano, el vestido también ha permitido explicar culturas, ideologías y posicionamientos políticos.

Tal es el caso del clasicismo griego, que utilizaba el chitón (o jitón) –semejante a una túnica llevada tanto por hombres como por mujeres fabricado en lana y lino– o el uso  de tinte púrpura en las túnicas masculinas de la antigua Roma, que simbolizaba riqueza y poder.

Son numerosos los factores que han influido en la evolución de la vestimenta y la moda, entre ellos la búsqueda y tratamiento de materias primas para elaborar telas, los avances científicos para producir prendas con mejor calidad y en menor tiempo, así como los sucesos bélicos y eventos históricos.

Revolución Industrial

Un ejemplo de estos cambios es el que generó la Revolución Industrial nacida en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII, en donde aumentó la diversificación de los trajes y vestidos femeninos.

Debido a la mejoría del transporte y la introducción de máquinas de fabricación que permitieron que la moda se desarrollara aún más rápido.

Al tiempo que la burguesía decimonónica, amparada por el liberalismo político protagonizado por el hombre y la bonanza económica de la Revolución, dibujó una nueva sociedad a su medida en la que se popularizaron los corsés, el ideal de vida doméstica y la afición por mostrar el ideal de clases sociales a través de la ropa.

La máquina de coser y de bordar

La primera máquina de coser sugió en 1790 y fue perfeccionada por Josef Madersperger hacia 1807, mismo que presentó la máquina de trabajo para producción en masa en 1814.

Este hecho ocasionó que se acelerara la producción de prendas de vestir, mientras crecían a la par las técnicas de hilado, tejido e impresión de algodón desarrolladas en el siglo XVIII, en donde ya se había extendido el uso de telas lavables y detalladas.

Asimismo, la máquina de bordar, surgida en 1804 por John Duncan, facilitó que la gente pudiera producir accesorios esenciales en fábricas y vender las en tiendas de todo el territorio, a diferencia de cuando lis bordados y encajes eran fabricados a mano y en pequeña escala por artesanos.

Con la producción en masa los vestidos se volvieron más accesibles y de modelos más variados; sin embargo, no significó una popularización de esta prenda, sino que se perpetuó la diferencia social y de clase.

La Belle Assemblée y las nuevas tendencias

La moda denominada Regency Style, que destacó por la elegancia y ligereza heredada del imperio francés, influyó directamente en la realización de prendas del siglo XIX.

Esta era contribuyó a la pérdida de cualquier estilo neoclásico y psudo-griego, mientras que las cinturas aún eran altas, comenzaban a disminuir ligeramente.

Los vestidos muy ligeros y sueltos se hicieron tendencia en toda Europa, usualmente de tonos blancos y con brazos sorprendentemente desnudos, se elevaban desde el tobillo hasta debajo del corpiño, donde había un dobladillo o un lazo fino fuertemente enfatizado alrededor del cuerpo (a menudo de un color diferente).

La Revolución Industrial unió a Europa y América  respecto a los viajes, los nuevos canales y vías de ferrocarril crearon mercados nacionales e internacionales, lo que aumentó la producción de prendas de vestir y se alentó en mayor medida el interés de la moda.

Al igual que el comercio, la creatividad en torno a la moda creció por las nuevas influencias transmitidas mediante muñequitas vestidas vestidas con las últimas tendencias, e imágenes impresas en periódicos y revistas.

Cmo la legendaria publicación La Belle Assembléefundada por John Bell, una revista dirida a mujeres británicas en la época de 1806 y 1837.

Características de la moda del siglo XIX

En este periodo los estilos de ropa de las mujeres se basaron en la silueta del Imperio. De este modo, los vestidos se ajustaban estrechamente al torso, justo debajo del busto y caían flojamente debajo.

En el estilo regencia, cuando la ropa de las mujeres era generalmente ajustada contra el torso desde la cintura natural hacia arriba y con una falda completa por debajo (a menudo inflada medinte faldas de aro, crinolinas, alforjas, bullicios, etc.).

No obstante, la cintura alta desció la atención de la cintura natural, por lo que no tenía sentido el apretado corsé de "cintura de avispa" que a menudo se consideraba de moda en otros periodos. Sin el corsé, los vestidos de chemise mostraban la larga línes del cuerpo, así como las curvas del torso femenino.

Para 1810 eran muy comunes las prendas clásicas suaves, sutiles y transparentes; chaquetas de un solo pecho de corte corto; vestido de mañana; vestido para caminar; vestido de noche; hábitos de conducción; pechos y brazos desnudos; cabello dividido en el centro y ricos apretados sobre las orejas.

Una década después, en 1820 las líneas de la cintura del vesrido comenzaron a caer, y se utilizó con mayor medida la decoración elaborada de dobladillo y escote, así como las faldas con forma de cono y mangas pellizcadas.

Te recomendamos