Un recorrido por la historia del corsé que te dejará sin aliento
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Un recorrido por la historia del corsé que te dejará sin aliento

La ropa interior para las damas siempre ha sido un tema con infinidad de variantes.

La idea del corsé en teoría era correcta ya que deseaba estilizar la figura. Intentaba mejorar la postura y también reducir tallas.

En esta prenda encontramos razones estéticas y médicas, sin dejar de lado los estándares de belleza que cada época posee.

El corsé es un elemento que resaltó la femineidad y voluptuosidad de la mujer.

Entre sus pretensiones estaba: mantener una postura erguida, resaltar el busto, marcar la cintura y cadera, así como comprimir el vientre.

Pero ¿Qué precio debieron pagar las mujeres que lo utilizaron?

Dicen que la belleza implica sacrificios, sin embargo, la utilización del corsé podía causar graves estragos a la salud como dejar sin respiración, desmayos, deformación de la cavidad pulmonar y hasta desplazamiento de órganos.

Fue una prenda que implicaba lujo, pero también dolor e incomodidad.

En materiales como satín, algodón o lino. Con detalles como listones o encajes. Colores y diseños increíblemente variados.

Los corsés fueron una sensación. Con el paso de los años su percepción y empleo fue cambiando.

Ahora inclusive se le da una connotación erótica y de seducción femenina.

La huella del tiempo en el corsé

 

El origen del corsé se pierde en el tiempo y en el espacio ya que en distintas culturas hay prendas similares.

Creta, Grecia, Roma, Egipto, Francia y Siria, entre otros sitios utilizaron una especie de corsé a modo de cinturones o fajas de distintos materiales.

Pero como tal el corsé surge en la Edad Media y Renacimiento.

En 1550 Catalina de Médici prohibió que se mostrara una cintura ancha en la Corte Real de Francia. Clara Clark modificó el diseño y era muy parecido al brasier que conocemos ahora.

Es en el siglo XV y XVI cuando se comienzan a portar en las cortes europeas.

En este punto eran rígidos e incomodos, hechos de varillas de hierro o madera, incluso de huesos de ballena.

Para los siglos XVII y XVIII se extiende su uso y gran parte de la población los utilizan, en versiones más amigables con la figura.

De colores claros, generalmente y muy resistentes ya que la fuerza que imprimían era demasiada. El corsé fue gran protagonista.

Aquí se convierten en una moda imperdonable para muchas, un básico en donde los cordones que ajustaban la figura formaban parte de la cotidianeidad.

Los bailes y reuniones sociales eran los eventos perfectos para lucir entalladas figuras y envidiables corsés.

Las figuras fueron evolucionando, por ejemplo, en el siglo XIX la tendencia era el reloj de arena.

Lo que no podía variar es la talla precisa y en muchas ocasiones los hechos a la medida.

Después de las guerras mundiales los pensamientos políticos y sociales cambiaron.

Fue entonces que las mujeres comenzaron a revelarse y una parte de esa rebelión implicaba su vestimenta.

Para el siglo XX poco a poco fue desapareciendo como fue originalmente concebido, pero no sin antes dejar un importante legado.

Del corsé derivaron los ligueros, bustiers, tops, fajas y brasieres. Y aún son recordados con un cariño muy especial.

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