La historia del color de la felicidad: el amarillo

Martes 28 de Abril 12.45 GMT

 

Asociado con la juventud y el júbilo, así como con la sabiduría e intuición, el color amarillo representa la paz, el descanso y la perfección espiritual.

Resultado de la combinación entre el rojo y el verde, el amarillo es un color secundario que encontramos en diversas flores y animales del planeta.

Los carotenoides, pigmentos orgánicos que se encuentran de forma natural en plantas y otros órganos fotosintéticos son los que proporcionan el color amarillo a las hojas en otoño, al maíz, los plátanos, entre otros, además, se encargan de absorber la luz y proteger a las plantas del daño solar.

El amarillo ha sido un color muy presente en la historia del arte, prueba de ello son las obras halladas en cuevas que datan de hace más de 17 mil años de antigüedad, como la pintura de un caballo amarillo encontrado en la cueva de Lascaux, Francia.

En la Iglesia católica, el amarillo está relacionado con el Vaticano, es uno de los dos colores que componen su bandera, el otro es el blanco y la elección de esa combinación se debe a que el oro y plata, representados en estos colores, simbolizan las llaves del Reino que custodia San Pedro.

En China era el color del Reino Medio y solo podía ser usado por el Emperador y su familia.

Por su parecido con el oro, los egipcios lo utilizaban en sus tumbas.

Vincent van Gogh fue un gran fanático del amarillo y fue uno de los primeros artistas en usar pinturas de fabricación comercial.

En la psicología, se define como el color optimista, que afirma la vida y que nos recuerda la luz solar, además que estimula la mente, el cuerpo y las emociones.

¿Sabías que?

En los siglos XVIII y XIX se fabricaban pigmentos y colorantes artificiales con arsénico, orina de vaca y otras sustancias.