La noche de París llegó a México: retrospectiva de Brassai en Bellas Artes
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La noche de París llegó a México: retrospectiva de Brassai en Bellas Artes

Niebla, oscuridad y silencio, una ciudad gris cubierta por su frío concreto fue el escenario para el fotógrafo Brassai.

Así es, las noches de París fueron la inspiración para el artista húngaro quien con su lente observó el misterio que guarda la noche. Su nombre era Gyula Halász. Quien con su fotografía nocturna, nos heredaría escenarios oscuros, parejas en la intimidad y prostíbulos.

Brassasi, el ojo de París es la primera retrospectiva de su trabajo en México. Y se expone actualmente en el Museo del Palacio de Bellas Artes. Espontaneidad, dominio de la técnica, claroscuros de la vida de la metrópoli de la luz y la soledad de las calles. Todo, fotografiado por el artista autodidacta.

Entre Brassó y París

 

El fotógrafo Brassai nació en la localidad de Brasov (Brassó) en Hungría, un 9 de septiembre de 1899. Es de ahí de donde proviene su apodo: Brassai. Su infancia trascurrió entre Brassó y París, donde a los tres años se estableció su padre, profesor de literatura en la Sorbona. Sus recuerdos de esta etapa, rondan en torno al estanque de los jardines de Luxemburgo. Ahí, paseaba mientras empujaba con un palo un barco de juguete.

Su primer acercamiento académico con el arte fue cuando estudió pintura y escultura en la Academia de Bellas Artes de Budapest. Posteriormente, en 1920 en la Academia de Bellas Artes de Charlottenburg en Berlín. En esta última ciudad, comienza a trabajar como periodista. En este periodo conoce a algunos artistas de la época como los pintores Lajos Tihanyi, Laszlo Moholy–Nagy, Oskar Kokoscha y Wasily Kandisky.

Además de esto, en 1930 tuvo la fortuna de contar con un excepcional mentor en sus comienzos como fotógrafo. El incomparable Andre Kertész, quien le enseñaría los recursos de la cámara y le revelaría los misterios de la exposición fotográfica.

Brassai, el artista completo

 

Además de fotógrafo, Brassai fue escultor, pintor, escritor y cineasta. Sin embargo, sus inicios con la cámara son más curiosos de lo que podría pensarse. Debido a que se inició académicamente en la pintura, el fotógrafo Brassai también consideraba a la fotografía como una arte menor. Sin embargo, sería esta expresión artística la que lo inmortalizaría.

Y es que es difícil describir a Brassai en pocas palabras y minúsculos adjetivos. El talentoso húngaro tenía muchos y diversos intereses y talentos.

Pero, aquella que vivirá siempre, es la de sus fotos de los bajos fondos de París. Los retratos de las fases más oscuras y deprimentes de la capital francesa. Matones, prostitutas, aventureros; personajes que eran dueños de la noche. Sin duda, protagonistas que formaron su obra y la definieron. Una temática muy popular en aquella época a la que Brassai le dio tiempo y luz. Además, historia que perdurará para siempre.

“Durante mis primeros años en París a partir de 1924, vivía como un noctámbulo, me iba a la cama al amanecer y me levantaba al atardecer. Decidí convertirme en fotógrafo inspirado por mi deseo de traducir en imágenes todas las cosas que me fascinaban de aquel París nocturno”.

Este texto es un extracto de su libro París de nuit, publicado en 1933. Algo más que un libro, un relato ilustrado de la noche parisina y una de las primeras obras dedicadas a la fotografía nocturna.

Claroscuros de la penumbra

 

Brassaï tuvo que sortear varias dificultades. Largas exposiciones que requerían sujetos inmóviles, pobres condiciones de luz, contaminación lumínica, maleantes e incluso las patrullas nazis durante la ocupación alemana. Por ello, el artista llevaba consigo varias fotografías en su bolsillo para demostrar sus intenciones artísticas.

Los burdeles, eran sitios donde las cámaras no eran bienvenidas, para sortear esto, Brassai procuraba ser presentado por algún conocido del lugar. Cuando ya era un rostro conocido, desplegaba su talento.

En los callejones, para calcular el tiempo de exposición se basaba en la duración de sus cigarrillos. Con ellos, creaba dramáticos efectos con teatrales puestas en escena de prostitutas y gangsters callejeros.

Además, las brillantes luces de farolas parisinas fueron partícipe con sus reflejos y los luminosos halos. Incluso, consideraba idóneos los días nublosos o de lluvia que aportaban un tamiz natural, creando así una atmósfera propicia para suavizar la luz.

El grafiti fue también parte de su obra. Los inmortalizó a través de un libro editado en 1960. Y es que durante más de veinte años, el fotógrafo Brassai anotó en sus cuadernos detalles sobre este arte callejero que fotografiaba. Las imágenes fueron agrupadas en series: Paredes, Rostros, Animales, Amor, Muerte y Magia.

En esta exposición temporal, el Museo del Palacio de Bellas Artes realiza una retrospectiva de la vida y obra del artista. Disponible hasta el 16 de junio 2019. Su ojo inmortalizó el París de los años 30.

Amigo de Picasso, contemporáneo de Kandinsky, el fotógrafo Brassai nos dejó imágenes nocturnas para recordar que “la noche sugiere, no enseña”.

 

Visita la exposición temporal “Brassaï. El ojo de París” en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 15 de junio de este año. Visita este enlace y conoce los horarios y costos.

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