¿Qué representa el misterioso cielo rojizo en 'El Grito' de Edvard Munch?

Viernes 22 de Febrero 00.02 GMT


¿Qué representa el misterioso cielo rojizo en 'El Grito' de Edvard Munch?


Seguramente, incluso aunque no conozcas nada de él, has apreciado el cuadro titulado El Grito del pintor noruego Edvard Munch.

Lo que no muchos saben es que esta obra, albergada en el Museo Nacional de Noruega, es un misterio para los científicos.

Sí, leíste bien, para los científicos, debido a las múltiples especulaciones sobre de los intensos colores rojizos del cielo.

No es lava, son nubes

El cielo rojizo de esta obra se ha intentado explicar muchas veces en el pasado. Una de las razones más aceptadas fue que  se trataba de la representación de la erupción del volcán Krakatoa en 1883.

Hoy sabemos que no es así.

Investigadores noruegos, después de una serie de pesquisas sobre el tema concluyeron que tales tonalidades rojas y anaranjadas son nubes estratosféricas polares (conocidas también como nubes nacaradas).

Estos fenómenos naturales se producen cuando hay un alto grado de humedad y temperaturas inferiores a los -60°C, en altitudes de entre 15 y 30 kilómetros.

Todas estas características climatológicas se encuentran al Norte de Europa en invierno, lo que podría ser una pista más sobre el verdadero origen de la obra, ya que Munch fue noruego.

El efecto de estas nubes transforma las gotas en cristales que desvían la luz solar, pintando el cielo con hermosos colores.

Es por todo lo anterior que los investigadores pensaron que Edvard quedó tan impactado por este fenómeno que lo plasmó en su pintura.
La confirmación de esta hipótesis se reveló con una investigación más reciente que asegura que la pieza no es resultado del asombro, sino de la cuidadosa observación que el artista realizó desde el sur de Noruega.

¿Cómo lo supieron? compararon el cuadro con fotografías y pinturas de diferentes atardeceres y descubrieron que todo coincide con las tonalidades que se observan durante una puesta de sol con nubes nacaradas.

Así que Edvard, quizás inconsciente de ello, creó una excelente documentación de este fenómeno.