Gala, la musa eterna de Salvador Dalí

Lunes 11 de Mayo 12.27 GMT

 

Las numerosas pinturas que Salvador Dalí hizo de Gala, quien fuera su pareja durante más de 50 años, muestran el gran amor y admiración que este le profesaba.

Libre, culta y adelantada a su tiempo, Elena Ivánova Diákonova, mejor conocida como Gala fue una artista surrealista y la mayor inspiración de Dalí.

El artista español declaró alguna vez que Gala fue la única que lo salvó de la locura y de una muerte temprana.

La inmortalizó una y otra vez, vestida, desnuda, de frente, de espaldas, no importaba cómo, pero Dalí sentía esa necesidad de retratar a su musa, su todo.

Gala incluso adoptó roles en las obras de Dalí como el de la virgen cristiana en la pintura La Madonna de Port Lligat (1950) y como figura mitológica en Leda atómica (1949).

Pero la artista rusa no solo fue la musa y esposa de Dalí, también se desempeñó como su agente e intermediaria con el mundo real.

Dalí era  un hombre inseguro, desorganizado y problemático, es por ello que Gala se convirtió en su equilibrio, su todo, en especial durante su llegada a Estados Unidos en 1940, a donde huyeron tras el avance del nazismo hacia París.

Montse Aguer, filóloga catalana, experta en la figura del pintor español y directora de los museos de la Fundación Gala-Salvador Dalí, asegura que Gala estimulaba la creatividad de Dalí y su concentración en el trabajo.

¿Sabías que?

A partir de 1950, Dalí incluyó a Gala en su firma.

“Firmando mis obras como Gala-Dalí no hago más que dar nombre a una verdad existencia, porque no existiría sin mi alma gemela Gala”, aseguró.