Cinco mujeres surrealistas que no te puedes perder

Jueves 09 de Abril 11.53 GMT

 

A lo largo de la historia, mujeres surrealistas han transmitido su talento, através de sus más profundos pensamientos y sueños.

Aunque históricamente el surrealismo es un movimiento que ha sido asociado a los hombres, a partir de los años veinte del siglo pasado, un grupo de mujeres participó en este popular movimiento.

Aquí, repasamos detalles de cinco artistas que dejaron que su subconsciente hablara por ellas a través de sus obras.

 

Leonora Carrington

Fue una de las artistas más prominentes del movimiento surrealista.

Su genuino interés por la alquimia y los cuentos de hadas con los que creció, su historia de amor con Max Ernst y su desafortunada estancia en un hospital psiquiátrico inspiraron a Carrington.

Seres fantásticos, animales que refieren a la mitología celta, el hermetismo, la cábala y la literatura fantástica predominan en sus obras.

 

Claude Cahun

Escritora, actriz y fotógrafa francesa que se movía en los círculos surrealistas, incluso se codeaba con artistas como Max Ernst y André Breton. Durante mucho tiempo, su trabajo, como el de otras tantas artistas, pasó desapercibido por el simple hecho de ser mujer.

Autorretratos travestidos, máscaras, personajes recreados y otros detalles abundan en su fotografía.

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Meret Oppenheim 

Artista y fotógrafa suiza. Conoció de cerca a André Breton, Max Ernst y Man Ray e incluso fungió como modelo de este último en varias de sus fotografías de desnudos.

Juego de desayuno de piel es su obra más conocida y actualmente le pertenece al Museo de Arte Moderno de Nueva York.

 

Remedios Varo

Pintora surrealista, escritora y artista gráfica española, fue de las primeras mujeres que estudiaron en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.

Su obra evoca un mundo surgido completamente de su imaginación, mezclado con un poco de misticismo, ciencia, esoterismo y magia.

 

Dorothea Tanning

Pintora, ilustradora, escultora y escritora estadounidense. Descubrió el surrealismo y el dadaísmo en Nueva York, ciudad en la que empezó a trabajar como diseñadora.

Se casó con Max Ernst y realmente él fue quien la introdujo en el movimiento. Su obra más conocida, Pequeña serenata nocturna, una pintura llena de simbolismo.