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LA SABIDURÍA DEL PERDÓN

Georgina Reyes habla sobre el perdón

Con toda seguridad  a través del tiempo, todos los seres humanos han tenido que perdonar y ser perdonados. Todos contamos con la experiencia en las relaciones interpersonales de haber pasado por momentos de decisión entre perdonar, olvidar o pedir perdón. Esta conducta es inevitable, no existe ninguna persona que ignore esta posibilidad.

El perdón es la acción que libera a la persona que ofende y al mismo tiempo al ofendido. Pero resulta que en muchas ocasiones la palabra “perdón” ha sido empleada sin razón y sin sentido, ya que culturalmente hablando, se nos ha inculcado solicitar perdón de una manera irreflexiva o para salir del paso. Esto es, cuando tropezamos con alguien, cuando deseamos preguntar algo, o bien para entrar a un  lugar. Anteponemos la palabra “mágica” y es por esto que el verdadero sentido del perdón se ha confundido constantemente.
El perdón en sí es la gran posibilidad de liberarnos de sentimientos de amargura, de enojo, de profunda desilusión ante una actitud que nos ha hecho sentir muy incómodos y ofendidos y en la mayoría de los casos, muy tristes.
Perdonar resulta difícil, pero al considerar que después podríamos sentirnos más tranquilos y liberados nos puede animar a analizar la situación a fin de eliminar el rencor y el resentimiento.
No perdonar nos atrapa en una conducta obsesiva en donde podríamos caer en la creencia de que perdonar nos hace seres débiles y es aquí en donde volvemos a repasar la escena una y otra vez para considerar si seremos capaces de perdonar.
Erróneamente las personas que aparentemente perdonan, consideran que han quedado en ventaja de aquél al que han perdonado, con la sensación de que le están brindado una oportunidad y que quedarán a prueba en la espera inconsciente de que vuelvan a caer en la misma situación.
En el intento de perdonar tendemos a idealizar una situación en la que podríamos recuperar aquél momento e imaginamos cómo hubiéramos actuado si tuviéramos la oportunidad de volver al instante en el que consideramos que fuimos víctimas de un acto arbitrario.

Es importante el análisis de la situación para poder considerar  lo más maduro posible si vale la pena continuar con el proceso del perdón en donde es necesario hacerle ver a quien nos ofendió cómo nos ha afectado su conducta y cómo desearíamos que se comportara en un futuro de tal manera que no se repita la actitud negativa que nos hizo sentir ofendidos. Desafortunadamente en muchos conflictos la otra parte no se da por enterada y al momento del reclamo se siente muy sorprendido, y es así en donde empieza un bloqueo en las relaciones humanas en donde de no existir la oportunidad de comunicarse, todo se complica  más.

Si perdonar es difícil, pedir perdón lo es más. Se necesita valor y afecto para desear que la persona ofendida no lo esté más. Y es ahí en donde entra la confusión de la posibilidad de diferenciar el perdón del olvido, definitivamente son cuestiones independientes ya que es imposible olvidar las experiencias ya que forman parte de nuestra vida y son un conjunto de vivencias que nos preparan a actuar. Lo que sí es posible, es darles un enfoque lo más maduro posible aprendiendo de cada momento vivido.
¿Es posible perdonar a quien no pide perdón? Dependerá de quién se trate, dependerá de qué tanto conocemos a esa persona para saber si lo que hizo fue parte de un descuido o realmente actuó a consciencia.
No perdonar es desgastante, ya que día a día esa experiencia ocupa mucho espacio en nuestra mente evitando así darle cauce a las nuevas oportunidades que la vida nos tiene reservadas.

 

Psicóloga Georgina Reyes

ginavalentinir@gmail.com

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