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PARA ESCUCHAR “LO NUEVO” HAY QUE CREARLO, BECK Y “SONG READER”, POR ALEJANDRO GRACIA

“Un álbum que sólo pueda escucharse si se tocan las canciones”, dijo Beck. Entonces produjo su último trabajo de nombre “Song Reader” en diciembre del año pasado.  Esta entrega reúne las partituras de 20 canciones y una serie de ilustraciones de Marcel Dzama, Leanne Shapton, Josh Cochran y Jessica Hische alrededor de ellas. No más.

Mi primera impresión, acostumbrado a no tener que esperar, a tener las novedades directo de Youtube o de las páginas oficiales de los músicos y bandas, fue algo  negativa. En un momento de la historia en la que se puede estar al día las 24 horas sobre cualquier acontecimiento; en donde lo mismo da en que parte del mundo te encuentres, uno puede estar sentado frente a su computadora, con la impresión de ser el primer asistente a escuchar “lo nuevo”. En una época en la que los músicos y sus casas productoras preparan escenarios gráficos dentro de sus páginas o en aplicaciones diseñadas para ambientar la música y agregar sentido a los discos;  ahí, en una mañana en la que, en lo particular, me encontraba propenso a la irritación, me sentí excluido.

¡Ah!, sentí como si el mismo Beck me hubiera cerrado la puerta justo en la nariz. Adentro los músicos y afuera yo sin saber lo que sucede ahora. Muy frustrante para mí, como debió serlo para todos aquellos de mi generación que fuimos cambiando las lecciones de guitarra por cualquier otro placer ahora inútil; y que años después nos encontramos con la misma situación pero ahora como un obstáculo.  ¿Cómo iba yo a poder escuchar lo nuevo de Beck si en la guitarra sólo puedo repetir una y otra vez la misma canción de los Stones?

De todos modos me quedé en la página del “Song Reader” de Beck. Primero buscando el buzón de quejas, como uno de esos genios con el tiempo y las ganas suficientes para quejarse por internet. Abrí algunas páginas sin querer y encontré una entrevista que le hace Timothy McSweeny a Beck que me hizo aprender una buena lección al final de la mañana. En la entrevista, Beck sustenta su proyecto musical del “libro de música” explicando que llevaba muchos años queriendo llevarlo a cabo. Dice que, desde una vez en los noventas, cuando le enviaron desde su casa productora un libro con las canciones escritas para piano de un disco que acababa de salir a la venta, quedó impresionado. Explica que precisamente ese disco tenía muchos beats, ruidos, repeticiones y demás,   por lo que le pareció una excelente abstracción lo que tenía entre las manos, como si de esas partituras pudieran salir una infinidad de canciones. Explicó también la forma en que hizo este libro de música y las precauciones que se tomó para hacerlo, cuidando de dejar un conjunto de partituras que fueran claras y sencillas de leer, pero sin dejarlo quedar en un simple cancionero, siendo serio, intentando no escribir las canciones de forma que solo él pudiera entender y agregando las ilustraciones de para terminar de amalgamar el trabajo en su conjunto.

Hacia el final de la entrevista, Beck habla de la intención de su trabajo, consistente en hacer participes a todas las personas de vivir la música y no sólo escucharla como papilla. Beck convocó a todas las personas que compraron el “Song Reader” a subir su versión de las canciones del disco. En la página del proyecto, hasta la última vez que la visité, había mas de 300 distintas versiones de las mismas 20 canciones; todas ellas completamente distintas entre sí. En algún video puedes ver a un hombre de unos 30, con su guitarra entre las piernas y utilizando la cámara de su computadora, tocando “Don’t Act Like Your Heart Isn’t Hard”; mientras en otros, con producciones que han pasado del nivel amateur, con bandas de 5 ó 6 integrantes, se pueden escuchar una canciones con el mismo título, pero con ambientes y géneros completamente distintos entre sí. Lo curioso de todo esto, es que de alguna manera, casi en todas las interpretaciones, se puede percibir algo del estilo con el que se reconoce el trabajo de Beck, aunque (cosa aún mas curiosa) las canciones nunca hayan sido tocadas por él mismo, precisamente para que quien tocara la canción, la inventara de alguna manera.

¡Qué corto me quedé con mi primer juicio tan negativo! Después de haber pasado un muy buen rato viendo la diversidad del repertorio de canciones, pensando en lo infinito que puede llegar a ser este disco; me imaginé aprendiendo a leer partituras, desempolvando la guitarra y poniéndole cuerdas nuevas. Y aunque me tardé otros 30 años en descifrar lo que las partituras explican (según Beck, de manera tan clara), sé que no llegaré tarde, que la página podrá tener ya tres millones de videos de aficionados y profesionales, pero que mi canción será original y vigente porque será mía.

Acepto la invitación de Beck a participar de la música, a dejar de ser un genio enojado porque se siente excluido y a participar en el juego de la creación. Voy a comprar el libro (primera edición agotada) y probablemente en unos años le esté contando a mi hija del disco que re-inventó la forma de compartir la música.

Por Alejandro Gracia

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