Música

Muerte de Ornette Coleman deja al jazz de luto

Ornette Coleman, el hombre de vanguardia, el saxofonista que se convirtió en un mito del jazz, falleció en Nueva York, según confirmó su agente Ken Weinstein, con lo que la música libre se queda huérfana.

Desde sus inicios este músico de origen texano buscó trascender a los géneros que tocaba, en un inicio R&B y posteriormente jazz, algo que constantemente le costaba críticas y animadversión de parte de los más puritanos.

Ornette Coleman aprendió a tocar el saxo alto en la adolescencia y aún no terminaba de dominarlo cuando ya había saltado al sax tenor, todo antes de los 18 y aunque parecía un genio, no fue sino a finales de los 50, con 28 años de edad a cuesta y tras pelear en diferentes escenarios californianos, cuando recibió la oportunidad de integrarse a la Lenox School of Jazz.

Para 1960 Omette Coleman ya era reconocido por sus colegas como un tipo que gustaba de la improvisación y fue cuando al lado de Don Cherry, Charlie Haden, Scott LaFaro y Billy Higgins grabó una serie de discos que cambiarían para siempre la forma de ver el jazz aunque el más simbólico de todos, su obra maestra, fue “Free Jazz”.

Ese disco no es más que una sesión de improvisación de más de 40 minutos en la que además de Coleman participaron a modo de doble cuarteto, Don Cherry, Charlie Haden, Scott LaFaro, Billy Higgins, Ed Blackwell, Eric Dolphy y Freddie Hubbard. “Free Jazz: a collective improvisation” fue, según los críticos de la época, más que un disco de jazz, una declaración de principios, de independencia sobre lo establecido.

Lejos de quedarse quieto con ese logro, Ornette Coleman, demostró de nuevo su nivel musical con el hoy clásico “The Shape of Jazz to Come”.

Aunque en su momento fue colocado junto a John Coltraine y Eric Dolphy en el estante de los improivisadores, Coleman siempre tenía más sorpresas y así fue como en los 70 formó “Prime Time” un cuarteto doble, formado por dos guitarristas, dos bajistas, dos bateristas y él en el saxofón, quizá porque la única manera de seguirle el paso era duplicarse. Con Prime Time pasó por casi cualquier tonalidad armónica del jazz hasta hacer guiños cada vez más obvios al funk, “free funk”, seguramente diría él.

Hoy la música universal llora a Ornette Coleman, al prodigio nacido en la fundamentalista ciudad de Forth Worth en 1930 que hoy dejó de soplar por la boquilla de su saxo en Manhattan, llora al productor, al compositor, a la influencia de grandes como Pat Metheny o Jerry García. Hoy las notas suenan a lágrimas.

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