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LA MECÁNICA CONTEMPORÁNEA DEL ARTE DE MERCADO

Nada me puede tocar ahora – ¡Soy Jeff Koons, y mi arte puede defenderme!

Jeff Koons

El 27 de junio se inaugura la exposición Jeff Koons: A retrospective, en el Whitney Museum of American Art. Lo relevante para un artista como Koons (EUA, 1955), multirreconocido y celebrado en casi cualquier parte del mundo, es su permanencia, por más de tres décadas, en un medio que decanta hasta lo no decantable.

Su ingreso al mercado del arte por medio de sus provocaciones juveniles, producto de su formación en el Art Institute of Chicago y en el Maryland Institute College of Art, contrastantes con su incipiente carrera como corredor de bolsa neoyorquino hicieron pensar a más de uno en que la suya, sería una carrera efímera. Inserto en el boom del arte estadounidense de los años ochenta, su obra transitó de la provocación ramplona, al cuestionamiento sobre los valores estéticos de las manifestaciones comerciales. Admirador de la obra de Marcel Duchamp y de Andy Warhol, Koons se ha interesado en explorar una nueva forma de hacer-ser, desde un matrimonio con una estrella porno, hasta la fabricación de imágenes seriadas, que retoman iconos de la cotidianidad, pero reinterpretados con materiales codiciables.

Los pasados 13 y 14 de mayo se rompieron nuevos récords de ventas para obras modernas y contemporáneas, llegando a la “recaudación” de miles de millones de dólares en un par de noches. Cuando creíamos que la “burbuja del arte” (citando el celebrado documental The Great Contemporary Art Bubble (2009) de Ben Lewis), se había roto por un buen tiempo, los parches fueron rápidos y contundentes. Los megamillonarios regresaron a las noches míticas (de invierno y de verano) de las casas de subasta, con los bolsillos ¿llenos?, de dólares y de euros. Pero si fueron precisamente las compras virtuales las que reventaron el mercado del arte en el caótico y no muy lejano 2009. Con poco más de 782 millones de dólares, Christie’s derribó sus propias expectativas casi 250 millones de dólares menos optimistas.

Con postores asiáticos a la cabeza, se rompieron récords de artistas como Jean-Michel Basquiat (Untitled (1981), recaudando los 31 millones de dólares), y el propio Jeff Koons (Popeye (2009) alcanzando los 28.16 millones de dólares), sin olvidar al consentido de las subastas, Gerhard Richter y el recurrente Francis Bacon. Comienza el alejamiento de los impresionistas, y llegan al escenario los expresionistas abstractos norteamericanos (que desde hace unas temporadas comenzaban a ocupar los titulares –entre ellos los indispensables Jackson Pollock y Mark Rothko).

El arte valida, es una moneda de cambio y de estatus. Artistas como Andy Warhol, el mismo Jackson Pollock y Gerhard Richter compiten, e incluso desplazan a iconos de las subastas como Pablo Picasso o Paul Cezanne. Habla esto no sólo de un vigor por las manifestaciones más cercanas, sino de una generación de jóvenes multimillonarios que muy rápido olvidaron la debacle financiera de hace apenas cinco años, que arrastró inclementemente al mercado del arte, con sus compras en papel y que estuvo por llevar a la quiebra a los gigantes de las subastas Sotheby’s y Christie’s.

Si ya no existe aquel artista de la corte, los mecenas se disfrazan de CEOs, hombres de negocios, magnates petroleros y constructores de paraísos de edificios de los arquitectos súper estrellas (de Zaha Hadid a Rem Koolhas), que requieren, urgen, de obras para abarcar sus inacabables muros (Abu Dabi, Hong Kong, Dubái o la Ciudad de México…). Pero como todo en la actualidad, el mercado muta, se transforma, se deshecha, y Andy Warhol ya es el abuelo, no de Ai Weiwei, de Demian Hirst o de David LaChapelle, sino de Joe Bradley, Dan Colen o Wad Guyton.

 

 

Imágenes: ©Whitney Museum, ©Jeff Koons, ©Jean-Michel Basquiat, ©Christie’s

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