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ÉRASE UNA VEZ YO, VERÓNICA: ENTRE LA CRISIS EXISTENCIAL Y EL DESEO DE LA CARNE

“Yo: paciente Verónica. Con dudas sobre la vida, como todo el mundo. Con miedo al futuro, como todo el mundo. En crisis. Con el corazón de piedra.” Verónica sólo tiene una certeza en la vida, su amor incondicional hacia su padre, a quien ve extinguirse poco a poco ante sus ojos tristes, cansados, espejos de su frustración interna, conmocionada por el vacío de su existencia.

Recién licenciada como médica psiquiatra, debe probarse a sí misma que es capaz de dar consulta en un hospital público de la ciudad nordestina de Recife, que a pesar de ostentar el título de una de las capitales más pujantes de Brasil, con más de 4 millones de habitantes, uno de los puntos comerciales, turísticos e incluso médicos —cuenta con el segundo centro de salud más grande de Brasil—, más importantes del país sudamericano, queda al desnudo en el filme de Marcelo Gomes como una ciudad en decadencia, con profundas desigualdades sociales, económicas y carencias educativas. Deprimidos, violentos, ignorantes, con dolores aparentemente físicos, bajo los que se esconden la miseria, la marginación y la falta de oportunidades de un sistema que continúa privilegiando a los que más tienen, así son los pacientes de Verónica, quien sufre de un mal similar en sí misma: la duda. Verónica duda de sí misma, de su profesión —quizás debería ser cantante, le dice a una de sus amigas en un arranque de hartazgo de su vida en el hospital— y Verónica duda del amor. Pretendientes no le faltan, tiene uno, Gustavo, que está dispuesto a formar una familia con ella, pero y ¿ella? ¿qué es lo que quiere Verónica? Una incógnita que la persigue y atormenta. Su felicidad es disfrutar de los momentos al lado de su padre, una relación entrañable, que Gomes dota de una ternura inmensa. El padre viejo y enfermo que quiere que su única hija tenga una profesión respetable y encuentre alguien que la quiera para poder irse tranquilo. Un padre que no desea que ella desperdicie su vida cuidándolo. Pero ¿qué vida? “Cada quien la desperdicia como quiere”, le responde Verónica. En el hospital es blanco de insultos y pacientes descontrolados, debido a una fuga de agua deberá desalojar su departamento, y su padre, su mayor afecto y alegría, está desahuciado. ¿Qué hacer ante todo eso? Tener sexo. Verónica encuentra en el sexo un escape, una explosión de sus sentidos alienados por la rutina y el mundo opresor. Verónica no hace el amor. Verónica tiene sexo. Es el encuentro con el extraño el que la hace sentirse viva, es ese roce de unos labios ajenos, ese beso apasionado donde se entrelazan las lenguas, el olor de otro cuerpo, el sabor de otra piel, lo que estremece su alma.

Marcelo Gomes, reconocido por su multipremiado filme Cinema, Aspirinas e Urubus (2005) y de quien hace un par de años pudimos ver Viajo porque preciso, vuelvo porque te amo (Viajo porque preciso, volto porque te amo, 2009), una road movie muy personal, donde el realizador también ahondaba en el vacío emocional, y esa sensación de abandono y fragilidad que refleja en Érase una vez yo, Verónica (Era Uma Vez Eu, Verônica, 2012) su más reciente trabajo, estrenado en el Festival Internacional de Cine de Toronto y acreedor a numerosos galardones, entre ellos la Mención Especial en San Sebastián, Mejor Película y Mejor Guión en el Festival de Cine de Brasilia, entre otros reconocimientos. Sin embargo, los premios no significan nada si no se conecta emocionalmente con el espectador y parece que Gomes ha descubierto la fórmula para lograrlo. Érase una vez yo, Verónica es un filme íntimo, personal, empático,  una historia pequeña que conquista y seduce en particular por la estructura narrativa a modo de confesión. La protagonista registra sus emociones y pensamientos en una grabadora con la que conversa cada día como un vehículo para desahogar su espíritu. Y así Verónica se transforma en su propia paciente, una paciente que somos todos, que experimenta lo que experimentamos en muchos momentos de nuestra vida: un vacío emocional, espiritual, existencial, de indentidad, el desencanto de toda una generación. Un retrato cercano, sencillo y sólido de Marcelo Gomes, donde el espectador se reconoce y encuentra un poco de sí mismo.

*Érase una vez yo, Verónica se exhibe como parte de la 55 Muestra Internacional de la Cineteca en sedes de zona metropolitana a partir del 21 de noviembre. Para más información consulta www.cinetecanacional.net

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