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El mejor disco del mundo, por Jerónimo Rosas

Por alguna razón, tengo una manía por hacer rankings sobre las cosas que me suelen interesar, y a mí nada me interesa más que las películas y los discos, nótese por favor que no digo la música y el cine. No, eso no describiría con certeza lo que pienso decir, y eso es que las películas y los discos me parecen la mejor inversión de tiempo, ya sea hacerles o descifrarles. Luego no es difícil imaginar que tenga mis propias listas de favoritos en lo que a discos y películas se refiere. Sobra decir que quienes asignamos energía a estas ociosas ocupaciones parecemos tener una egocéntrica afición a comentar al mundo nuestra impresión de cual es el mejor disco o película y sus subsecuentes. Claro, teniendo siempre como disculpa que es subjetiva predilección personal. Pues hoy no caeré en la tentación, hoy la pregunta que me ha hecho el editor me traza un camino mucho más estrecho y escabroso, y esa es la tarea de reseñar mi disco favorito, lo que me supone tres problemas existenciales al momento de ponerme a hacer esto. Disponerme a confrontar en mí lo que ocurre realmente cuando escucho mi disco favorito será lo más difícil, y lo haré para hablar sólo del disco, pero tratando de no aludir y mentir cómodamente, como bien se puede hacer al criticar un gran álbum. Como justificar algo tan intrínsecamente personal sería el segundo problema, pero no me haré responsable de ese. El tercero sería tomar aire y no titubear al nombrarlo, no lo haré.

“Highway 61 Revisited” de Bob Dylan

Este disco es el más transparente discurso de que importa y que no cuando de hacer una obra artística de rock se trata, lo considero por lo mismo la más poderosa invitación a tomar una guitarra y simplemente intentar algo, algo simple, 3 ó 4 acordes, o una melodía sobre una base típica de blues, lo importante no será contar con buena voz, ni ser afinado para tocar o cantar, mucho menos tocar a tiempo, constantemente el pandero en este temprano disco de Dylan parece ser ejecutado por alguien que se encuentra ebrio o sordo. Las dinámicas entre la voz y la armónica son muy descontroladas, yo me atrevería a decir que este disco deja ver muchos de los defectos y errores técnicos que un disco puede mostrar, especialmente si es grabado con recursos de 1965 en un lapso de 6 días. Como es el caso. Independientemente a sus pormenores técnicos que al final sólo dotan el disco de una entrañable humanidad, el mensaje, el poder de las canciones y las interpretaciones de Dylan están intactos, e imposiblemente mejor expresados- La sola idea de un resultado como éste, obtenido por el genio creativo de una persona de 24 años es abrumadora, cada frase se escucha con fondo emotivo y en una conexión, quizá constantemente secreta pero siempre segura en la voz de quien la interpreta.

Muchos puristas me sacrificarían por no hacer una extensa descripción de la implicación política y social de algunas de las letras de ciertos temas del disco como lo es “The ballad of a thin man”, o “Desolation Row“. Pero lo siento, no lo haré. Eso más bien es un sello que caracterizó especialmente en la década de los sesentas a Bob Dylan. El contenido de las letras en general es extremadamente maduro, tengan o no implicación política. Siendo un sexto trabajo de estudio, y a sólo 3 años después de un álbum debut, Dylan ya se escucha capaz de ser burlón, sensible, poético, pictórico, irreverente y subversivo. Y todo al mismo tiempo, en un solo tema, y sin repetir sus asociaciones y recursos en los que siguen. Por cierto las asociaciones poéticas de los temas en este disco, siempre son extremadamente libres, rápidas y descriptivas, Dylan no ocupa hablar de una misma cosa más de una línea para crear una imagen y una sensación definida cuando estas van embonando entre sí.

Como ya lo dije, este disco incluye las directrices no obvias para cualquier rockero aficionado o profesional en la búsqueda de un disco bueno. Evidentemente el factor de la honestidad del autor sobre sus canciones es lo más notable. Pero pienso que todo gran disco debe contar con un track que sacuda a quien lo escuche, siempre es muy conveniente para empezar, y este disco tiene el que lo logró mejor, al menos en su momento: Like a rolling stone.

No creo en absoluto en perderme en una descripción detallada de cada uno de los 9 tracks que conforman este disco, es el disco como unidad lo que me maravilla. A todos nos gusta oír una buena canción, pero cuando después de ella viene otra y comenzamos a poner más atención y llega otra, seguida de una más y así hasta terminar, entonces caemos en cuenta que hemos encontrado algo que nos llama y nos atrae, cuando al volverle a escuchar todo tiene más sentido entre sí de lo que pudiste percibir la primera vez, y eso se repite cada que lo escuchas, sin que parezca que podrá detenerse. Eso es un disco que te marca.

La revista Rolling Stone, posiciona a “Highway 61 Revisited” en el número 4 de su lista de los 500 álbumes más geniales de todos los tiempos, sólo después de “Revolver” de The Beatles, en el tercer puesto, “Pet Sounds” de The beach boys en segundo y “Sgt Pepper” de los mismos Beatles en primer lugar. Yo no estoy de acuerdo.

 

 

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