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DE LA HISTORIA DE LAS OBRAS DE ARTE ROBADAS POR LOS NAZIS, GEORGE CLOONEY Y ROBERT M. EDSEL

Por Juana Rosas (PR)

 

Wheeler estaba en el centro de Leptis Magna, viendo con asombro cómo el ejército británico repetía el mismo error…

“¿No podemos hacer algo, señor?”, Wheeler pregunto al subjefe oficial de Asuntos Civiles (OAC)…

El oficial se encogió de hombros. “Son sólo soldados siendo soldados”, dijo.

“Pero es Leptis Magna”, protestó Wheeler. “La gran ciudad del emperador romano Lucious Septimus Severus. Las ruinas romanas más completas de todo África”.

El hombre sólo lo miró. “Nunca escuché de ella”, dijo.

Wheeler sacudió la cabeza. Cada oficial había hablado de Cyrenaica. Pero el OAC del ejército británico del norte de África, nunca había sido informado de Leptis Magna…

“¿Son importantes?”, preguntó el oficial.

“¿Qué?”

“Los edificios derruidos”.

“Son ruinas clásicas, señor. Y sí, son importantes”.

“¿Por qué?”

“Son irremplazables. Son historia. Son… Es nuestro deber como soldados protegerlas, señor. Si no lo hacemos, el enemigo las usará en nuestra contra”.

“¿Es usted historiador, Teniente?”

“Soy arqueólogo. Director del London Museum.”

El oficial de Asuntos Civiles movió la cabeza. “Entonces haga algo, Director”. (Edsel, págs. 34-35)*.

La semana pasada, los titulares fueron ocupados por la noticia del hallazgo de obras de arte en un departamento en el centro de Múnich, pertenecientes a un botín de piezas robadas por los nazis, según dijeron las autoridades en conferencia de prensa, donde se encontraron casi mil quinientas obras, entre las que destacan nombres como Canaletto, Otto Dix, Ernest Ludwing Kirchner, Oskar Kokoshka, Emil Nolde, Henri de Toulouse-Lautrec, Pablo Picasso y un extraordinario Marc Chagall, entre los más relumbrantes. El encargado de cuidar celosamente esta “colección” fue el octogenario Cornelius Gurlitt, hijo de un marchante de arte de Hamburgo que fue comisionado por el régimen nazi para vender ese “arte degenerado” en el extranjero. Pero al parecer el padre de Cornelius decidió quedarse con aquellas obras que según las más modestas estimaciones podría alcanzar los mil millones de euros. Y para cerrar con broche de oro esta noticia, si los dueños originales no aparecen, Cornelius Gurlitt las recuperará, una por una.

Parece ser que de manera involuntaria, la esperada película protagonizada por George Clooney y Matt Damon, que en un principio abriría la temporada decembrina y que ha sido recalendarizada para su estreno el 7 de febrero del próximo año, obtuvo una promoción “gratuita”.

Llevo prometiéndome dos meses el contarles un poco de esta película. No, rectifico. De lo que quiero platicarles es de extraordinario libro de Robert M. Edsel. The Monuments Men, mismo nombre que llevará la famosa película de Clooney. Lo cual no es casual, ya que el actor de Hollywood quedó tan fascinado ante el libro de Edsel que decidió volverlo película (con él como protagonista, como el mismísimo George Stout), director y guionista. Pero por qué The Monuments Men cautivó a George Clooney y a casi cualquiera que haya tenido la oportunidad de leerlo. Básicamente porque el libro narra la historia “heroica” de un grupo de hombres (y unas pocas mujeres), que se dieron a la tarea de salvar obras de arte en medio de la Segunda Guerra Mundial, con todo en contra y con una fuerte dosis de dramatismo involuntario.

Desde la historia del Rembrandt de Karlshure, hasta la destrucción del monasterio de Monte Casino por parte de las tropas aliadas esperando encontrar unos alemanes que no estaban ahí, cada capítulo narra la historia de la Segunda Guerra Mundial, aderezando al afán conquistador de Adolf Hitler, el de crear un imperio tan luminoso como lo fuera el romano de Carlomagno, no esperando tener edificios maravillosos, sino ruinas dignas del más grande emperador que la humanidad hubiera visto. Todo en Linz Donau, su pueblo natal, el cual imaginó reconstruido como la más increíble ciudad que se hubiera visto, con el Führermuseum, el museo de arte más extenso del mundo, claro sin “arte degenerado”. Y todo porque el joven Adolf fue rechazado cuando solicitó su ingreso a la Academia de Bellas Artes de Viena (qué diferente hubiera sido la historia si lo que hubiera manejado Hitler hubieran sido pinceles). Para eso emprendió una campaña que consistió en levantar inventarios en todas las ciudades europeas, en los que quedara constancia de las obras que, durante la invasión nazi, serían “recuperadas” para su imperio.

Pero el libro no habla de Hitler, o sí. The Monuments Men, deja constancia de la misión de los hombres encargados de recuperar las obras robadas, guardadas en sitios de seguridad, o de sólo guiar a las tropas aliadas en medio de ciudades monumentales. Presenta a los personajes que forjaron la historia del arte del siglo XX, los curadores, conservadores, arqueólogos, artistas, directores de museos y mecenas, que se enlistaron en el ejército con la única intención de salvar el arte y la historia “occidental”.

Para los estudiosos del arte es un banquete en muchos sentidos, aquellos nombres que tantas veces leímos en nuestros años de escuela, y en los posteriores, tienen cuerpo y vida, tienen pasiones, se desenvuelven con poco o nada, con la convicción de salvar la historia. Para los amantes de la historia, éste es uno de esos libros que después de la primera hoja provoca seguir leyéndolo hasta el final. Para quienes prefieren ver las películas de Hollywood, tal vez les sorprenda darse cuenta de la agilidad de Edsel para atrapar en una narrativa casi policiaca, que vale la pena anteceder a su adaptación cinematográfica. Robert M. Edsel ha tratado varias ocasiones este periodo de la historia desde distintos ángulos. Éste le ha valido una fama inusual.

Sin embargo no he contado nada aún del libro, eso será la siguiente vez, cuando además del entusiasmo inicial platique sobre las falacias de la construcción de la historia del arte desde la visión de los patronos neoyorquinos de la primera mitad del siglo XX, esos que todos conocemos y que tan “hábilmente” son descritos por Edsel…

*La cita inicial de este texto corresponde a la incursión del ejército británico en la ciudad libia de Leptis(una de las más gloriosas del antiguo imperio romano en el norte de África), en enero de 1943, y a la destrucción de la que fue testigo el Director del Museo Británico, el Teniente Coronel Sir Robert Eric Mortimer Wheeler, enlistado en el cuerpo de artillería del Ejército Real británico en el Norte de África.

Robert M. Edsel. The Monuments Men. Allied Heroes, Nazi Thieves, and the Greatest Treasure Hunt in History. 2009. Center Street. New York. 475 págs.

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