Cine

Alas de libertad… para caer en picada

Las sinopsis. Por lo general antes de ir al cine leemos las sinopsis para informarnos de qué tratan las películas y definir qué nos interesa ver. Algunas son acertadas, otras engañosas y adornadas con artificios para convencer al espectador de algo que la película simplemente no es. El caso de Alas de libertad (Bird people, Francia, 2014) es justamente este último. Uno lee la sinopsis y la premisa resulta interesante y atractiva: un joven ingeniero estadounidense que viaja a París y allí decide cambiar por completo su vida, dejar atrás trabajo, mujer, hijos, todo, para comenzar de nuevo, algo que todos hemos deseado hacer alguna vez y que por ende, nos agrada, además, ¿quién en su sano juicio no querría quedarse a vivir en París? Por otro lado, en el aeropuerto coincide también con una joven camarera que vive una experiencia sobrenatural.

Otro elemento gancho, todos hemos querido en algún momento experimentar algo fuera de lo convencional, que rebase los límites de lo científicamente probado. Cambio de vida radical + experiencia sobrenatural + posible historia de amor = el anzuelo ha surtido efecto, el espectador decide ver Alas de libertad. Sin embargo, en lugar de encontrarse con lo que imagina puede significar una transformación existencial en una ciudad como París —con todo lo que la capital francesa puede ofrecer—, se topa con un hombre aburrido, harto de su vida vacía, aunque económicamente holgada y cómoda, que así sin más tras una noche de insomnio, decide abandonar su trabajo en una importante firma de ingenieros en pleno contrato millonario con los Jeques de Dubai y también deshacerse de su molesta esposa e hijos en aras de ser libre.

Uno imaginaría que el filme comenzaría después de esto, que el individuo en cuestión, tras liberarse de todas las ataduras impuestas por la sociedad, tener un buen trabajo, buscar ser siempre el mejor, tener una familia tradicional y establecida, una vida ordenada, se dedicaría a vivir la vida loca en la ciudad luz, esperando el encuentro con lo inesperado y la aventura. No obstante, Pascale Ferran, el realizador, parece esforzarse para que el espectador comparta el hartazgo y el aburrimiento que atraviesa Gary, el protagonista, que tras tomar esta decisión capital se encierra días enteros en la habitación de su hotel con su celular en mano esperando llamadas que lo confronten con su extraña actitud.

Y así, con planos largos y lentos, escenas en las que no sucede absolutamente nada, diálogos repetitivos y un exagerado sentimentalismo con actuaciones poco consistentes, Alas de libertad se torna extremadamente tediosa y carente de argumento. Por otro lado, la experiencia sobrenatural que vive la otra protagonista de la historia, Audrey, es en verdad muy inverosímil, una metáfora de la libertad que hemos visto cientos de veces: para escapar de su vida rutinaria, esclavizante y sin perspectivas, la chica se transforma en un pájaro, un gorrión que busca ser simpático sin lograrlo. Para este punto, el espectador se siente defraudado y no sabe si reír o si llorar o mejor acabar con el suplicio y salir de la sala. Lo único que Alas de libertad tiene de interesante y rescatable es justamente su premisa, ya que si su apuesta era ser un filme contemplativo y profundo acerca de la crisis existencial y la condición humana se queda en un nivel muy superficial.

 

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