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Violencia intrafamiliar, por Georgina Reyes

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¿Qué es violencia?

Los filósofos y los psicólogos han coincidido en que el origen de la violencia se encuentra en la raíz de nuestros deseos inconscientes que nos hacen anhelar lo que “el otro” posee, o nos hace imaginar que podemos estar en el lugar privilegiado que tiene.  Así mismo en el círculo violento, el agresor toma la decisión de ejercer poder en contra de alguien a quien considera inferior y por quien siente desprecio maltratándolo constantemente.

 La violencia está caracterizada por el uso intencional de la fuerza o el poder físico de hecho o como amenaza contra alguien más, con la posibilidad de ocasionar lesiones físicas y psicológicas llegando como última consecuencia a causar la muerte. En la violencia interpersonal pueden estar incluidos los hijos, la pareja, los familiares en general y hasta las mascotas. La naturaleza de la violencia intrafamiliar puede ser física, sexual o psicológica.

El comportamiento violento dentro de la familia por lo general es ejercido por el hombre como consecuencia de una serie de creencias, actitudes, conductas y roles culturales que se han basado en la desvalorización de lo propiamente femenino, llegando a la conclusión de que las mujeres son débiles e incapaces de imponer autoridad  o tomar decisiones en el hogar y que deben someterse a las demandas irracionales de sus parejas.

Desafortunadamente existen mitos acerca de lo que realmente sucede en las familias que enfrentan este grave problema, ya que se ha considerado que las mujeres agredidas son masoquistas, o que no son capaces de trabajar y por consiguiente son temerosas por lo que se resignan o acostumbran a la violencia intrafamiliar ya que resulta preferible este estilo de vida a vivir “desamparadas”.

Es lamentable que la violencia intrafamiliar no se detecte a simple vista ya que el agresor no suele insultar o golpear ante testigos, lo que hace que se retrace la solución a tan terrible conflicto y al incrementarse la tensión, crece la fuerza negativa que incita al agresor a  fortalecer su conducta, así es como muchas familias permanecen en esta fase por tiempo indefinido.

 Existen muchas alternativas para poder salir de esta delicada y desafortunada situación, siendo el primer paso reconocer que se vive un problema de violencia y desear un cambio definitivo en la dinámica hasta ahora vivida. La educación en los valores hacia un cambio de mentalidad de agresión así como la posibilidad de derribar todos los patrones de conducta inadecuados dirigiéndose a un cambio cultural que se puede lograr mediante un proceso terapéutico en donde se enfoque de raíz el problema que comenzó con una tensión y que de repente se volvió parte de una rutina insostenible.

ginavalentini@hotmail.com

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