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ISADORA DUNCAN: REVOLUCIONARIA DE LA DANZA

La historia de esta gran bailarina está llena de altibajos: una carrera profesional sumamente exitosa, una vida personal atormentada. Muchas veces, los amores escandalosos de Isadora, la trágica muerte de sus hijas, y su propia extraña muerte, son lo que más resuena en la memoria acerca de esta artista. Sin embargo, fue su revolución en la danza y  devoción por la docencia, lo que mantiene vivo el legado de esta emblemática artista.

Isadora nació en California en 1877. Se inició a temprana edad en el mundo de la danza con el ballet, pero muy pronto fue claro para ella que esta danza no era suficiente y empezó a crear su propio estilo. Duncan se opuso a la tradición y rigidez del ballet; quería una danza que fuera más natural para el cuerpo y funcionara como medio de expresión. Su técnica se desarrolló a partir de la teoría en la cual todos los movimientos partían de un mismo lugar para de ahí expandirse a todo el cuerpo: el plexo solar, ya que era ahí donde Isadora creía que el alma humana se encontraba. Parte de su sello radicaba también en bailar con pies descalzos, en las túnicas griegas que vestía y en los movimientos que seguían los impulsos naturales de la gravedad.  Éstas serían las bases de lo que más adelante se convertiría en la danza moderna.

Isadora se dio cuenta de que en Europa donde su estilo de danza era mejor recibido, por esto, y en parte por su diferencia en ideas políticas, Isadora partió a Londres y a otras ciudades de Europa, donde su arte floreció y se expandió. Se presentó por todo el continente, también por Estados Unidos y América del Sur. Después, fue en Alemania que abrió su primera escuela.

Otra de las bases fundamentales de la danza de Isadora era que este era un arte expresivo, que transmitía historias y emociones profundas. Su danza siempre reflejaba lo que le acontecía en su vida. Sus primeras coreografías estaban inspiradas en sus amores, sus vivencias, su obsesión por la antigua Grecia, la maternidad y en sus ideas políticas pro-soviéticas y sobre la Primera Guerra Mundial. Más tarde, después de la trágica muerte de sus dos hijas en un accidente de coche que cayó al río Sena, su arte se torno más oscuro, permeado de tristeza y dolor.

Continuó su carrera y docencia con algo de dificultad (emocionales y económicas) en los últimos años de su vida. Sus alumnas se volvieron tan cercanas a ella, que adopto a seis de estas jóvenes bailarinas, y fueron precisamente ellas quienes continuaron la historia Duncan. Las Isadorables las llamó. En 1927, a la edad de 50 años, Isadora  murió en un acontecimiento extraño, al ser estrangulada por la bufanda que llevada alrededor del cuello y que quedó atascada en la llanta del coche en donde iba.

Isadora era una mujer adelantada a su tiempo, no dejo que los estándares y limitaciones de la época opacaran su danza como medio de expresión. Su vida en detalle puede ser leída de su propia voz en su autobiografía llamada Mi Vida.  La bailarina pasó su legado a sus hijas adoptivas, quienes se encargaron a su vez de pasar la técnica Duncan de generación en generación hasta nuestros días. Actualmente, compañías como  Isadora Duncan International Institute y The Isadora Duncan Dance Foundation, entre otras mantienen exitosamente el legado dancístico de Isadora, que sigue cautivando a muchos.

Información e imágenes:  ©Isadora Duncan International Institute y ©The Isadora Duncan Dance Foundation.

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