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HISTORIA DEL MERCADO Y COLECCIONISMO DE ARTE EN OCCIDENTE

¿Qué significa coleccionar? por Santiago Ortega

¿Acaso toda acumulación de artículos valiosos, así sean obras de arte, se consideran una colección? A partir de la revisión y confrontación de las posturas de autores como Maurice Rheims y Ra­fael Gil, pude consolidar mi idea de que para ser coleccionista se re­quiere contar con un criterio propio, saber qué es lo que se colecciona, definir las líneas temáticas, tener un amplio interés en lo histórico y en el análisis metódico de las obras, conocer con precisión su procedencia, así como una adecuada valoración de sus contenidos forma­les y estéticos.

El coleccionismo en un sentido más amplio y moderno da inicio hasta el siglo XV. Estudiosos del tema como Maurice Rheims, Rafael Gil, Julius von Schlos­ser y Krzysztof Pomian, coinciden en que la acumulación de objetos valiosos y raros en el Mundo Antiguo, en Grecia y Roma, no constituían una colección.

En el coleccionista siempre está presente el sentimiento de posesión, de dominio y de poder sobre esos objetos que también son fuente de placer. Rheims (1961) señala que un verdadero coleccionista debe tener instinto de cazador, la mentalidad de un detective y la objetividad de un historiador. En ese mismo sentido se manifiesta Del Conde (1992) quien lo complementa al afirmar que para que una persona se precie de ser coleccionista debe tener un fuerte carácter obsesivo compulsivo.[1]

Schlosser (1988) afirma que Jean de Berry, duque de Berry, fue el primer coleccionista moderno de alto nivel, a quien le tocó vivir la transición de la Edad Media al Renaci­miento. En su colección combinaba el gusto por el objeto precioso y su rareza, algo ca­racterístico de la Edad Media; al mismo tiempo, un interés por las cualidades formales del objeto artístico y una predilección por un período histórico; algo característico de la Edad Moderna.

De Berry fue hijo del rey de Francia y, uno de los primeros en coleccionar variados tipos de objetos que después serían comunes en Europa en los Wunderkammern, que eran los cuartos de maravillas o gabinetes de curiosidades, recuérdese que durante los siglos XVI al XVIII, época de las grandes exploraciones y descubrimientos, se exhibían en estos cuartos todo tipo de objetos raros y extraños. La colección de este personaje es impor­tante porque marca una transición de tesoros medievales a objetos coleccionados por propio interés sin la intención de contar con un depósito de valor.

Santiago Ortega Hernández

Bibliografía

Del Conde, T. (1992). Los ímpetus de coleccionar. En el I Foro internacional. La difusión, el Mercado y Latinoamérica en el Arte Contemporáneo. Guadalajara, México.

Gil, R. (1994). Arte y coleccionismo privado en Valencia del siglo XVIII a nuestros días. Valencia: Edi­cions Alfons el Magnànim, IVEI.

Rheims M. (1961). Art on the Market: Thirty-five Centuries of Collecting and Collectors from Midas to Paul Getty. London: Weidenfeld and Nicolson.

 

[1] Véase Del Conde, T. (1992) Los ímpetus de coleccionar.

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