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ESE MURAL QUE VISTE ES DE CURIOT

Definir la experiencia de caminar por las calles de la Ciudad de México no es algo que podamos generalizar; ningún paseo es igual a otro. Vivimos en una ciudad cuya diversidad arquitectónica incluye lugares inconfundibles, pero también zonas llenas de edificios carentes de identidad; puedes sentirte en cualquier lugar, puedes perderte.

© CURIOT

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De pronto, en una de esas caminatas a través de sitios anónimos algo llama tu atención. Te detienes, volteas la mirada y te encuentras con un ser mitad hombre y mitad animal que escupe un montón de luces. Te quedas ahí parado tratando de entender de dónde vienen sus colores, y enumerando las texturas que lo configuran: puntos, flores, plumas, etcétera. Recuerdas por un momento ese viaje que hiciste a Michoacán en Día de Muertos. Hay una energía extraña que no te permite dejar de mirarlo. El personaje no te observa, pues está muy ocupado expulsando color por la boca. Aunque sigues tu camino, miras hacia atrás un par de veces para asegurarte de la realidad de tu visión.

© CURIOT

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Pasan los días y siguen encontrándote a esta nueva especie de seres que dan vida a los edificios sin alma; a veces sentados, a veces siendo adorados por grupos de pequeñas personas. Lo que aún no sabes es que fueron creados por un artista urbano que lleva más de diez años de regreso en México después de vivir en Estados Unidos, y que la ausencia de identidad nacional lo llevó a concebir dioses-monstruo en los muros de nuestra ciudad y varias partes del mundo.

Los edificios anónimos se convierten en puntos de referencia. Ese mural que viste es de Curiot, la persona encargada de que tus paseos sin sentido se conviertan en una búsqueda de seres mitológicos. Continúas caminando.


Texto del autor.

Información e imágenes vía web.

Te invitamos a conocer a: Supakitch & Koralie


 

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