Fotogalerías

ADICTOS AL ARTE

Me dediqué a mi colección. La hice la obra de mi vida. No soy una coleccionista de arte, soy un museo. Peggy Guggenheim (PG Collection)

En el artículo sobre por qué empecé a ser coleccionista, relaté una historia acerca de una mujer quien se me acercó en una exposición quejándose amargamente todo el tiempo. Me aproximé y le pregunté por qué se molestaba en venir y ver la obra, que se veía que tanto le desagradaba. Me dijo que deseaba aprender de lo que trataba el arte moderno. La previne sobre lo peligroso que era hacer eso, porque podría convertirse en una adicta al arte. (Peggy Guggenheim).

La vida de Peggy Guggenheim (1898-1979) estuvo siempre rodeada por un halo de sofisticación. Parecía sacada de un libro de aventuras, donde la joven rodeada de lujos se abría paso entre guerras, cambios políticos y artistas que uno sólo ha visto nombrados en los libros de historia del arte.

Criada en una de las familias más ricas de los Estados Unidos, viajó por Europa buscando una razón que definiera su espíritu, fue pupila de Marcel Duchamp y compartió la mesa con Wassily Kandinsky, Jean Cocteau, Max Ernst o Samuel Beckett. Su espíritu se fue formando a fuerza de conocer a los grandes pensadores de su tiempo. Moldeó su propio legado, más allá de su familia, se refugió en Venecia, ciudad a la que cedió su más importante patrimonio: el arte que fue coleccionando, y el Palazzo Venier dei Leoni.

En 1939, después de un año y medio de Guggenheim Jeune*, parecía estúpido perder tanto dinero por nada, y decidí abrir un museo de arte moderno. (Peggy Guggenheim).

No sólo en su caso el coleccionismo de arte se convirtió en una verdadera una adicción. El coleccionismo es un gusto que se va formando poco a poco, un gusto que puede considerarse de élite. Sin embargo, algunos de los más importantes coleccionistas, fueron también benefactores de arte, patronos… mecenas. El caso de Peggy Guggenheim es característico de esta doble vocación y de este doble compromiso, por añadidura. En su autobiografía Confesiones de una adicta al arte (1960), la autora hace un entrañable diario que salpica con los más significativos episodios de la historia del arte moderno. Sin este libro sería difícil entender aquella etapa formativa del arte actual. En él explica cómo se volvió “adicta” al arte, sus devenires en la Europa de la primera mitad del siglo XX, sus amores y sus amigos, su impresión de la Bienal de Venecia, en suma, sus anhelos de ser parte de un mundo de artistas e intelectuales ávidos por formar parte de los anales de la historia del arte.

Finalmente, en 1949, Flavia Paulon, secretaria del Conde Zorzi, me encontró una propiedad adorable. Era un palacio inacabado en el Grand Canal, comenzado en 1748 por los Veniers, una famosa familia veneciana, que legaron dos duques a Venecia y de quienes se alegaba que mantuvieron los leones en su jardín. (Peggy Guggenheim).

No hay una página que deje de atrapar al lector, por la ligereza en su prosa y por los nombres que van forjando la historia tanto de la autora, como del arte moderno mismo. Su testimonio, refleja el espíritu de una mujer fuerte, capaz de hacer que su “adicción al arte” la hubiera sobrevivido.

*La Guggenheim Jeune fue una famosa galería de corta vida, fundada por Peggy Guggenheim.

Peggy Guggenheim. Confessions of an art addict, 1960/2013. HarperCollins. EUA

Últimas noticias