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5 libros básicos en la literatura japonesa

El japonés no era un idioma escrito hasta la llegada de la cultura china. Gracias a los ideogramas chinos –o kanjis–, la lengua japonesa se dio a conocer. Por ello, las primeras muestras de literatura japonesa pertenecían a la tradición oral. Su origen, como el de otras culturas, se remonta a un conjunto de ritos donde el chamanismo (shinto) y el folclor conformaban una rica y antiquísima tradición oral.

Alrededor del 300 a. C. se comienzan a documentar narraciones, canciones y danzas populares sobre los ciclos del cultivo y la llegada del dios en primavera o su despedida en otoño, formando parte de las primeras producciones literarias como el Kojiki, Nihonshoki y Fudoki, o las representaciones de teatro kabuki.

Matsuo Bashō, uno de los grandes del Haiku.

Una figura importante en el desarrollo de la literatura fue la del kataribe. Se trataba de un recitador o recitadora de historias que cumplía la función de conservar y transmitir hechos, mitos y leyendas. Era un oficio frecuentemente desempeñado por mujeres que ejercían funciones chamanísticas. Los kataribe son la base de los futuros monagatari o narraciones escritas que surgieron en la época Heian. La labor de los kataribe llegó a ser tan importante que algunos se profesionalizaron y ocuparon un puesto oficial en la Corte, creando lazos entre la literatura oral arcaica y la nueva literatura escrita.

Algunas expresiones del Japón antiguo no podían ser transcritas en caracteres extranjeros, ya que creían en el poder de la palabra –también como una manera de proteger su propia identidad–. No obstante, esto marca el inicio de la poesía y la literatura que evolucionaría para ser lo que hoy conocemos como literatura japonesa.

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