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Fotografías del siglo XIX: post-mortem y cabaret

Los indígenas americanos se negaban a ser retratados por una cámara, ¿la razón? No querían que su alma fuera capturada, pues creían que la fotografía atrapaba la energía y el espíritu del individuo retratado. Este mito quizás no está tan alejado de la realidad, ya que de cierta forma la fotografía es el arte de atrapar un momento en el tiempo, cosa que muchos jamás soñaron.

Se puede decir que la carrera por retener la imagen surgió desde los inicios de la pintura, pero en cuestión de la fotografía, sin duda alguna el siglo XIX fue el momento decisivo para este avance tecnológico y artístico. En 1816, Niepce obtiene una primera imagen negativa, imperfecta e inestable con una cámara oscura y, finalmente en 1837, Louis Daguerre hizo público su proceso para la obtención de fotografías basado en la plata denominado daguerrotipo, antecesor de la actual fotografía instantánea de Polaroid.

Esto permitió experimentar con la captura de imágenes. Por motivos prácticos, en un inicio se trabajaba con paisajes, pero eventualmente se evolucionó al retrato, el cual se volvió un lujo que sólo los miembros de las familias adineradas podían solventar. Para posar en una fotografía del siglo XIX, se necesitaba de dinero, pero también extrema paciencia porque era un proceso que duraba horas.

En esta época, surge un periodo de amplia experimentación en el que resalta una corriente: las fotografías post-mortem. Este género fotografiaba personas muertas a manera de recuerdo. Las más comunes eran las hechas a recién nacidos y niños, mejor conocidas en México como angelitos, pues en aquella época se creía que los infantes ungidos y bautizados iban al cielo para ser pequeños ángeles. Existe otra variante –aún más tétrica– que muestra los difuntos abriendo los ojos a razón de que “pudieran ver la gloria del señor al morir”.

Fotografía de una mujer afroamericana

Aunque el tema puede resultar incómodo, es en extremo interesante para estudiar el pensamiento del siglo XIX. Sin duda, la pregunta presente es: ¿por qué retratar muertos? La respuesta inmediata es que las personas de esta época buscaban entender la muerte al igual que nosotros.

Junto con el auge del cabaret y la tradición circense, llegan a nuestros días imágenes extremadamente ricas e interesantes que nos muestran, al contrario de lo que la edad victoriana quiso dar a entender –una sociedad de rectitud y recato–, personajes que trajeron riqueza y profundidad.

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