Cultura

Woody Allen: el consentido de la Muestra

En 1978, durante la IX Muestra Internacional de la Cineteca Nacional, se exhibió Annie Hall (1977), un clásico de la filmografía de uno de los más grandes directores y guionistas del cine contemporáneo, Woody Allen. Desde entonces, este judío, neurótico, maniático, freakie, amante del jazz y de las relaciones complicadas ha sido un invitado recurrente de este festín cinematográfico, participando en una veintena de ocasiones con verdaderas joyas como Manhattan (1979), que llegó a México para la 12ª Muestra; La Rosa Púrpura del Cairo (1985), parte de la 18ª Muestra; Balas sobre Nueva York (1994), exhibida en la edición 28 y El beso del escorpión (2001), incluida en la cartelera de la 39ª Muestra, por mencionar algunas. Este mes, la Muestra cumple 55 ediciones de ser el espacio para encontrarnos con los más destacados cineastas del mundo y Allen no podía faltar a esta gran celebración de la cinematografía internacional. En esta oportunidad el público podrá disfrutar de Jazmín azul (Blue Jasmin, EUA, 2013), que como suele ocurrir ya hace más de dos décadas en los filmes de Allen, cuenta con un elenco estelar encabezado en esta ocasión por Cate Blanchett y Alec Baldwin.

Como es su costumbre, Allen saca lo mejor de este par de estrellas mediáticas, en particular de Blanchett, quien brinda una clase magistral de actuación al meterse en la piel de Jasmine, una socialité neurótica, que sufre de los nervios y de constantes ataques de pánico (el personaje Woody Allen de la película), cuya vida de lujos y comodidades se esfuma cuando su acaudalado marido cae en prisión tras salir a la luz su participación en un fraude millonario. De la noche a la mañana Jasmine lo pierde todo, excepto las deudas. No tiene un centavo partido por la mitad así que muy a pesar suyo se ve obligada a recurrir a su hermana adoptada, a quien ve como una mujer vulgar, poco inteligente, y muy por debajo de su nivel, interpretada por Sally Hawkins, a quien vimos con anterioridad en Happy Go Lucky, como la siempre alegre Poppy, y que aquí vuelve a iluminar la pantalla con su frescura y naturalidad. Con las clásicas pinceladas de humor negro, las referencias a Nueva York, aunque en esta oportunidad la historia se desarrolla en buena medida en San Francisco, tierra del blues y del jazz, que como siempre acompaña las vicisitudes de los personajes (no sería una película de Allen sin el sabor del jazz), la complejidad de las relaciones amorosas e interpersonales, Allen se aleja un tanto de la comedia para construir un retrato acerca de la soledad, la hipocresía, el desprecio, la infidelidad y la sociedad vacía y marginal en la que vivimos.

Jasmine no decide vivir con su hermana en ese “agujero”, como le llama despectivamente al modesto departamento de San Francisco, ni tampoco convivir con el novio borracho y fracasado de ella, o trabajar como asistente de un miserable dentista, no, Jasmine no tiene opción. Atrás quedaron los tiempos en los que viajaba del brazo de su exitoso marido empresario por Cannes, Saint-Tropez y Viena o era anfitriona de las más glamorosas fiestas de Nueva York y The Hamptons, enfundada en sus diseños Chanel, Versace y cargando bolsas Louis Vuitton. Ahora es la sombra de todo aquello, sin embargo Allen no busca aquí la transformación interior de Jasmine, no se trata de redimir al personaje, porque a pesar de su desafortunada situación, Jasmine continúa despreciando a todos y a todo, nada es suficientemente bueno para ella, ni está a su altura, y será capaz de cualquier cosa con tal de recuperar su vida de lujos y superficialidad patrocinada por Ferragamo o Dolce&Gabanna. No obstante, el pasado siempre regresa y terminará por alcanzarla. Cate Blanchett se lleva la película al consolidar un personaje que a pesar de ser por naturaleza odioso logra empatía con el público gracias a sus monólogos de verborrea nerviosa, que la actriz australiana interpreta con una destreza asombrosa, así como a sus ataques de pánico ante cada situación que se le antoja inmanejable y a su lastimosa vulnerabilidad, matices que hacen de su interpretación una de las delicias del filme. Cada detalle está perfectamente cuidado y no hay diálogo ni toma que no tenga una finalidad en esta película que recuerda más por su profundidad y contenido al Woody de Match Point, que al de Los enredos de Harry y Media noche en París.

Woody Allen continúa demostrando su gran calidad no sólo como cineasta sino como crítico de la vida contemporánea y de la clase media alta acomodada norteamericana, que con Jazmín Azul nos invita a reflexionar acerca de nuestro entorno y la degradación de nuestra sociedad.

*El filme se exhibe en la 55 Muestra Internacional de la Cineteca Nacional del 10 al 15 de noviembre.

Para más información consulta cartelera en:
www.cinetecanacional.net

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