Cultura

Trazos delirantes

El crítico de arte Jorge Alberto Manrique Castañeda escribió en el prólogo de su libro Arte y artistas de México en el siglo XX que los artistas de ese siglo y en general, de la creación mexicana, se han movido en dos vertientes: por un lado se encuentran los que se abren a nuevos horizontes y por otro los que se encierran en su cultura, sacando inspiración de la inmensa historia nacional o inmiscuyéndose en el ritmo mundial y apropiándose de él.

Saveuk, artista plástico avecindado en Cuernavaca, se mueve en el peligroso borde de dichos fenómenos, pervirtiéndolos y fertilizándolos.

Creador limítrofe, sus datos biográficos son escasos. Debe rondar los treinta años, es “chilango” de nacimiento, viste de riguroso negro, es conocedor de las corrientes actuales en pintura, escultura y música, afecto a largas charlas de café, directo al hablar y “sin pelos en la lengua”, es admirador de Damien Hirst, Banksy, Feng Zhengjie, Balthus y del buen mezcal.

Su estudio es un inquietante hipogeo donde se mezclan la locura, el chisme, el horror y un poco de ironía en cada rincón y lienzo que Saveuk pinta; hacía unos años su guarida era custodiada por un león, raro pero común para su forma de ser: original.

“Mi proceso creativo comenzó hace unos años, cuando me metí a estudiar dibujo allá en la ciudad de México, desde allí inicié un proceso que me ha llevado a exponer en galerías de Estados Unidos, Alemania, Viena, Inglaterra y también aquí en Cuernavaca. Las muestras fueron “Todos nos sumergimos en el abismo interestelar a bordo del satélite delirante”, “Atentados cotidianos, testigos presenciales y objetos mágicos”, en el Jardín Borda y la Casona Spencer, aunque tengo algunas otras más”.

Saveuk conjuga su sólida formación como dibujante con la delirante situación del mexicano, confuso, entregado, bilioso y exageradamente dado al chisme, sin caer en la redención de un pasado prehispánico reutilizado y vuelto a utilizar por más de un artista mexicano; se aleja a pasos agigantados del absurdo reduccionismo del arte contemporáneo actual que vende “espejitos”, como compartió en una charla sobre lo expuesto en la galería NM del primer cuadro capitalino; sus pinturas son el oscuro subconsciente de una mente irónica.

Mirar uno de sus cuadros es una experiencia que comienza en la inquietud, deviene en la diversión y termina en el desconcierto. Como muestra, se encuentran los trazos que ofrece en “Se me sale del corazón”, “Te detesto por no tener diamantes”, “Up’s se me volvió a pasar la mano otra vez”.

Dado a la ironía mordaz, Saveuk basa su obra en los chismes “Me gusta observar a la gente, sentarme en un café y poner atención en sus expresiones e imaginar los diálogos, de allí lo traslapo a una pintura y el resultado muchas veces es una obra oscura, confusa, pero muy divertida”.

Honesto y humilde, no crea para vender en cantidades exageradas, lo hace por el placer de cumplirse a sí mismo, de exorcizar sus demonios (sean cuales fuera que sean) y crear nuevos, pues en una de sus últimas series que narra episodios mexicanos, todos los personajes sostienen un diálogo irreal con el observador.

Basta mirar esos ojos plagados de locura para que quien los contemple sienta que es observado hasta que sale de la sala.

Hace tiempo, alguien le atribuyó a Saveuk la siguiente frase: “No hay más redención para la humanidad que el reconocimiento de su propia divinidad”, él mismo se ha dado a la tarea de negarlo, pues ni de lejos lo define. Quizá le quedaría bien una de Guillermo Samperio: “La culpabilidad, la muerte y el amor combinan terriblemente bien”.

Una versión reducida del texto se publicó en El Caudillo de Morelos el 14 agosto de 2013.

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