Cultura

THIAGO SOERES EN EL ROYAL BALLET DE LONDRES

A los 14 años, el brasileño Thiago Soares no tenía idea qué era el ballet y menos quién era Eugene Onegin, el personaje que lo acompañaría en una veloz travesía desde el hip hop en Rio al Royal Ballet de Londres, donde hoy es primer bailarín.

Pero el cinismo y la arrogancia de Onegin, el personaje principal de la novela del ruso Alexander Pushkin, adaptada al ballet por el coreógrafo sudafricano John Cranko, están lejos de la personalidad de Thiago, dueño de una sonrisa que pocas veces puede huir de su rostro.

“Cada vez que lo interpreto recuerdo todo lo que he pasado para llegar adonde estoy. Lo tengo en el corazón”, dice en una entrevista con la AFP en el Teatro Municipal de Rio, antes del ensayo para una reciente noche de gala junto a otras estrellas del Royal Ballet y la Royal Opera House de Londres.

El popular del barrio

Todo comenzó en 1996 en las calles de Sao Gonçalo, un municipio pobre vecino a Rio de Janeiro.

Para ser de los “populares del barrio”, Thiago pidió a su hermano Hugo formar parte de su grupo de hip hop, “que paraba todas las fiestas”. “Yo quería ser como ellos y ahí comencé”, recuerda este joven nacido en 1981.

El grupo participaba de competencias semiprofesionales y su coreógrafo notó el talento del joven y lo ayudó a buscar una beca en el centro de danza de Rio.

“Yo era de la calle, del fútbol y eso del ballet no era para mí, pero porque no tenía acceso, no lo conocía. Fui a ver la escuela. Entré y nunca más salí”, cuenta.

Para no enfrentar los prejuicios, Thiago decía a sus amigos que hacía teatro, y no ballet.

“Un día un amigo llamó a mi casa y le preguntó a mi mamá ‘¿Dónde está Thiago?’ y ella le dijo ‘Está en esa cosa del ballet’. Cuando llegué a la escuela se armó el lío, me pegaban”, rememora.

Pero siempre se tomó las burlas “de manera amigable” y siguió adelante hasta comenzar su exposición internacional en París, donde fue en 1998 medalla de plata del concurso internacional.

Hugo es diseñador gráfico y ya no tiene el grupo de hip hop con el que Thiago descubrió su vocación.

Talento de exportación

En el Royal Ballet de Londres hay siete bailarines latinoamericanos, que buscan en Europa las oportunidades que no tienen en su región.

“En Europa, la cultura es una prioridad como la salud y la educación. En América Latina, si sobra (dinero) invertimos en cultura”, se lamenta Thiago.

Las compañías también tienen presentaciones limitadas -el Royal Ballet tiene 150 funciones anuales frente a 20 que puede haber en algún país de la región- con lo que la consagración de un artista tiene que ser obligatoriamente fuera.

Y con mucho trabajo y sacrificio, varios ocupan posiciones destacadas en el ballet. “Llegamos adonde llegamos porque empezamos de abajo, fue duro pero un viaje placentero”, dice.

El café de Marianela

Thiago ingresó al Royal Ballet en septiembre de 2002, después de pasar dos temporadas por Rusia, y el primer día que entró al edificio conoció en el elevador a la argentina Marianela Núñez, su compañera en el escenario y en la vida.

La historia de cómo se conocieron tiene sus discrepancias. Según Marianela, cuando lo vio “tenía en la frente escrito Brasil”, y le ofreció su ayuda: “Si necesitas algo, me pedís y yo te ayudo”, le dijo.

Thiago coincide en la escena del ascensor, pero añade: “Cuando estoy saliendo del elevador me dice ‘Y si tienes tiempo nos tomamos un café'”.

“En mi país, si no te conozco, nunca te vi en la vida y te quieres tomar un café, es porque hay algo”, lanza con una carcajada.

El café no llegó sino un año después y Thiago y Marianela se hicieron amigos, y después novios, mientras compartían el escenario.

En diciembre de 2006, Thiago le ofreció matrimonio tras bastidores después de una representación de La Bella Durmiente. “Le saqué el anillo y se puso a llorar”, cuenta Thiago, seguro de que recibiría el sí. “La tenía en el bolsillo”, dice, y lanza otra carcajada.

Sobre las tablas, Thiago hizo entre otros de Siegfried en “El lago de los cisnes”; de Príncipe en “El Cascanueces”; de Conde Albrecht en “Giselle”; y de Franz en “Coppelia”. Y la mayoría de las veces lo hizo acompañado de Marianela, que ya fue también su Tatiana en Onegin.

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