Cultura

TALENTOS MEXICANOS: ENTREVISTA CON SANER

“Hay un placer en la locura que sólo los locos conocen”

– John Dryden

Aceptar la locura como un estado humano natural y utilizarla como motor de creación artística es parte de la filosofía creativa de Edgar “Saner” Flores, un artista mexicano que, desde su nombre, hace un juego irónico entre la salud mental y la demencia absoluta. Utilizando la catarsis como un medio de recuerdo y liberación de circunstancias emocionales, su obra resulta una provocación a los instintos y a la inevitable inestabilidad humana. Su mayor virtud, el enigma que logra a través de la máscara, mostrándola como un retrato psicológico, político y social, cuya dualidad se debate entre la purificación y la autodestrucción, finalmente, una proyección de sí mismo.

 

1. ¿Qué elementos consideras que definieron tu estilo visual?

Siempre he estado en contacto con la cultura popular, en específico con Oaxaca, porque mi mamá es de allá, y todo ese contacto cultural fue como un bombardeo visual inconsciente. Recuerdo también el impactó que me causó la primera vez vi el mural de González Camarena en Bellas Artes, su gama de colores fluorescentes y el manejo oscuro dentro del personaje central.

A través de esta influencia quise revalorizar e intentar comprender nuestra cultura y toda su riqueza y así despertó esta iniciativa de entender mi pasado para poder defender mi presente y buscar un mejor futuro. Cuando entiendí esto, empecé a investigar más y mi hermana me contactó con un amigo que se dedica a hacer investigaciones de zonas indígenas. Fui a varios pueblos y aprendí que los páscolas, que son como los gurús del pueblo, dicen que cuando una persona encuentra su máscara es porque está en un universo paralelo y en ese universo puede encontrar su personalidad completa. Tú en este mundo estás incompleto pero, cuando tu protector te ha encontrado, hay todo un ritual en el que pasas por un proceso de selección y la máscara decide quién va a ser el personaje que lo va complementar, la máscara te elige a ti.

 

 “Entender mi pasado para poder defender mi presente y buscar un mejor futuro.

 

2. ¿Cómo nacen los personajes e historias dentro de tu proceso creativo?

La mayoría de las veces tiene relación con el lugar o con temas en específico, porque finalmente lo que intento es llevar símbolos de mi cultura y tomar lo que el lugar que visito me regala, busco algunos íconos que la gente pueda reconocer y defender cuando yo me vaya, hacemos una especie de intercambio.

Por ejemplo, cuando me invitaron a Francia, la temática fue La Conquista, que era algo que no quería tocar, porque mucha gente ya lo había hecho muy bien. Decidí que no iba a encontrar el hilo negro y más bien quise hacer un tributo a todas las personas que han sido una influencia para mí, por lo que tomé El Abrazo (de González Camarena) y Las Dos Fridas como pretexto. En El Abrazo, ellos se están matando y se entiende esta violencia. Yo lo quería hacer de una forma más poética, más romántica, y basado no solamente en la conquista de ese momento, sino en la conquista que tenemos que vivir todos los días, como en una relación, es una conquista el saber que esta pasión trae como consecuencia la traición y las tentaciones. Por eso estos personajes están escondidos a los lados y van acercándose al beso que están teniendo los personajes centrales.

 

3. Tu trabajo te ha llevado a distintos lugares del mundo. ¿Qué tipo de impacto / intercambio / diálogo esperas dejar en los lugares que intervienes?

Cada vez que libero a uno de mis personajes, ya sea en un muro, en una pintura o en algún lugar, es porque era justo ese personaje y justo en ese lienzo, no podría estar en otro lugar, están en el universo en el que tienen que existir. Sobre todo siendo parte de la urbe, en un contexto donde todo se mueve y todo cambia tan rápido, ellos deben tener esta identidad de liberación para que puedan interactuar con todas las personas que lo van a estar viendo.

 

Morir para poder vivir,

somos un ciclo de vida.”

 

4. A lo largo de tu historia expositiva has jugado con la naturaleza efímera de tus piezas, como fue el caso de 180 Minutos de Vida en la Galería Border. ¿Cómo logras este desprendimiento de tus piezas?

Sobre esa exposición en específico había varios puntos de encuentro: fue mi primer exposición individual en México, acababa de terminar una relación que no quería dejar ir y tenía necesidad de hacer algo que me sirviera como una especie de catarsis. En ese punto de mi vida me di cuenta de que todo el tiempo invertido fuera de casa me había servido para liberar cosas, de la misma forma en la que todas mis piezas al existir son libres. No tengo ese apego con mi obra como puedo tener un apego con otras cosas. Utilicé esto como medio y propuse la idea de hacer piezas efímeras, lograr que las personas tengan este momento de enamoramiento, se quisieran apropiar de las piezas pero que no pudieran tenerlas. Y fue lo que hicimos. Al activarse, los comprimidos de pólvora soltaban ciertos colores que iluminaban las piezas, era todo un espectáculo visual. Todo esto para entender que todos tenemos un precio y nuestro destino es morir, morir para poder vivir, somos un ciclo de vida. La gente se enamoró de las piezas, se volvieron parte de la exposición y se logró un performance que sobrevive gracias a la memoria colectiva que se generó ahí.

 

5. Tres referentes del mundo del arte que admires y que han influido en tu obra:

Hablando de la escena que me influyó estando en el grafiti y que me inspiró para hacer personajes, yo creo que Os Gemeos de Brasil. De la escena en la que me muevo sería Interesni Kazki de Ucrania. Y de la referencia que utilizo sería definitivamente El Bosco y González Camarena.

 

6. En los últimos años ha habido un notorio enriquecimiento y fortalecimiento de tu lenguaje visual. ¿Qué elementos y experiencias consideras han contribuido en tu evolución creativa?

Siento que he empezado a ser más obsesivo en mi trabajo y eso es lo que ha marcado esta evolución. Cada vez me vuelvo más loco e intento ser más perfeccionista. Se vuelve una manía que a veces puede ser negativa porque no sabes cuándo parar. Ahora mi obsesión es con alguien que siempre me ha volado la cabeza: El Bosco. Todos sus cuadros de gran formato cuentan varias historias, cada parte del cuadro podría ser una obra por sí sola. Ese es el punto al que quiero llegar, quiero que mi trabajo de estudio tenga esa manía, esa posibilidad de perderse tanto en la obra que cada vez que regreses notes algo diferente. Por eso intento poner tanto detalle, para que la gente encuentre algo que la cautive, que la pieza sea tan abrumadora que quieran regresar a verla.

 

Cada vez me vuelvo más loco e intento ser más perfeccionista. Se vuelve una manía que a veces puede ser negativa porque no sabes cuándo parar.”

Imágenes cortesía de © Saner

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