Cultura

Susan Sontag, una reflexión sobre la fotografía en la actualidad

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Desde su invención en 1839, la fotografía y su evolución han dado forma a nuestra experiencia de la realidad: han cambiado el mundo, concientizado sobre su diversidad, ayudado a entender la ciencia, las emociones, al tiempo que nos ha anclado a una cultura de consumo de imágenes.

De todo esto habla Susan Sontag en su colección de ensayos Sobre la fotografía, publicado originalmente en 1977, una visión astuta y extraordinariamente vigente del fenómeno fotográfico desde su creación y que vislumbraría, sin saberlo aún, la psicología y las dinámicas sociales de la cultura visual de nuestros días.

Susan Sontag

Sus ensayos aparecieron en periódicos, revistas y publicaciones literarias de todo el mundo incluyendo el New York Times, The New Yorker, el New York Review of Books y el suplemento literario del Times entre muchos otros. Recibió el Premio Príncipe de Asturias en 2001 y fue nombrada Commandeur de l’Ordre des Arts et des Lettres del gobierno francés en 1999. Su trabajo ha sido traducido a 32 idiomas y en él se encuentran reflexiones como las siguientes:

El inventario comenzó en 1839 y desde entonces prácticamente todo ha sido fotografiado, o al menos eso parece. Esta insaciabilidad del ojo fotográfico ha cambiado los términos en los que comprendemos el mundo, las fotografías alteran o agrandan nuestras nociones de lo que es digno de mirarse y de lo que tenemos derecho a observar, existe una gramática y una ética del mirar y finalmente   el más grandioso resultado de esta gesta fotográfica es que nos brinda la sensación de que podemos sostener el mundo entero en nuestras manos, a modo de una antología de imágenes.

La época en la que tomar fotografías requería un artilugio engorroso y caro -el juguete de los ricos, los listos y los obsesos- parece remota vista desde éste momento de cámaras de bolsillo que invitan a todo el mundo a tomar fotografías y fotografiar algo significa apropiarse de la cosa fotografiada, las fotografías reducen la escala del mundo a un tamaño que podemos manipular, retocar, cortar y truquear. Las fotografías impresas envejecen del mismo modo que todo el papel envejece, van desapareciendo, se vuelven objetos valiosos, se pueden comprar y vender, se pueden reproducir. Las fotografías logran hacer del mundo un empaquetado, se pegan en álbumes, se enmarcan, se ponen sobre las mesas o se cuelgan en las paredes, se proyectan como diapositivas. Los periódicos y revistas las utilizan casi como único recurso de la veracidad, los museos las exponen, los editores las compilan.

Esta es, como ninguna otra, una época dedicada a la comunicación y la cultura visual. Nunca antes había sido tan importante ni tan detallado el proceso de construcción de nuestra identidad mediante imágenes. A pesar de ello, reproducimos fotografías que ya no son la traducción de la luz sobre un soporte de papel, sino códigos programados que flotan en nuestros bolsillos, imágenes que no existen realmente aunque haya tantas.

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