Cultura

ROYAL OPERA HOUSE DE LONDRES DA CLASES A NIÑOS DE FAVELAS BRASILEÑAS

Se arrastran, saltan, giran y caen en uno de los monumentos más famosos de Río de Janeiro: Brasil es quizás más conocido por el samba, pero este sábado decenas de niños de favelas que estudian ballet subieron al escenario del majestuoso Teatro Municipal para una inédita “master class” con profesores de la Royal Opera House de Londres.

“¡Pongan los pies en un cuarto de pizza!”, ordena uno de los tres profesores a más de 30 niños de entre 7 y 12 años.

El grupo es heterogéneo: hay niñas flacas y otras con sobrepeso, algunas descalzas, otras con zapatillas, algunas de malla y falda corta de ballet y otras de shorts y camiseta. Hay un solo niño.

“¡Posición de playa!”, grita un maestro, y los chicos se relajan, como tomando el sol bajo los reflectores del teatro. “¡Posición de bailarines!”, lanza, y los alumnos enderezan rápidamente la postura, bajan los hombros, suben elegantes la cabeza.

La clase es parte de un nuevo acuerdo entre la Royal Opera House de Londres (ROH) y el Teatro Municipal de Rio para realizar intercambios educativos y artísticos para maestros de danza, bailarines y niños.

Un bicho raro

“Esto es muy emocionante. Estar aquí me da ganas de llorar. En nueve años de estudiar ballet, nunca tuve esta oportunidad”, dice Pamela Castro, una pequeña de 12 años y grandes ojos negros que estudia danza en Nova Brasilia, una de las favelas del Complexo de Alemao, y que nunca había entrado antes al Teatro Municipal, construido hace 100 años a imagen y semejanza de la Opera Garnier de París.

Pamela confiesa que es un “bicho raro” en su barrio. “Cuando voy vestida de bailarina por las calles, se me quedan mirando. No conocen el ballet, sólo el samba. Es algo misterioso para ellos”, dice.

Súbitamente, las niñas se apiñan en torno a su ídola, la carioca Roberta Marquez, primera bailarina del Royal Ballet, que aparece al final de la clase de tutú negro y zapatillas de punta, en un derroche de perfección técnica.

El país de la danza

“Este es el país de la danza, yo soy un ejemplo de eso. Mis estudios de ballet fueron todos hechos aquí. Soy una bailarina 100% brasileña. Nosotros tenemos el talento, lo que falta es el incentivo”, dice Marquez a la AFP al terminar la clase, mientras se saca las zapatillas.

La presidenta de la Fundación Teatro Municipal Carla Camurati, coincide.

“En Brasil, tenemos una relación con la danza, con la musicalidad muy grande. Porque el carnaval, principalmente en favelas, es muy fuerte y acompaña la vida de las comunidades”, señala.

Estos niños “viven en el morro, subiendo y bajando, descalzos, desde que abrieron sus ojos sus madres corren morro abajo para colocarles los zapatos. Ese sentido de libertad, de espacio, de gesto, es muy fuerte, es una química que conseguimos mantener y esto ayuda a conservar el alma brasileña, abierta, creativa”.

Un mundo de sueños

“Por eso es importante este proyecto, para llevar el ballet a niños que no tienen mucho acceso a eso. El ballet es un mundo mágico, le lleva a uno a un mundo de sueños, y todo el mundo precisa a veces huir de la realidad, que es tan dura”, reflexiona Marquez.

Para Paul Reeve, director de Educación de la ROH, lo más importante es que los niños salgan del teatro felices.

“Quiero que estos niños se vayan de aquí con un sentimiento de alegría, de alegría en el danzar, alegría por estar en el escenario principal del Teatro Municipal, mirando el auditorio”, dice.

“Usar la danza y el arte para desarrollar mejores ciudadanos, para fortalecer la comunidad, es algo maravilloso y Rio en eso nos inspira”, añade.

Un grupo de bailarines del Royal Ballet -incluidos los cariocas Thiago Soares y Roberta Marquez- harán también tres representaciones de gala desde el próximo viernes, y la meta es que toda la compañía visite Rio en 2015, un año antes de los Juegos Olímpicos.

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