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PRIMER CENTRO DE METEREOLOGÍA PARA PREVENCIÓN DE EFECTOS SOLARES

Este miércoles en Bruselas se inauguró el primer centro de meteorología espacial europeo con el fin de intentar evitar que tormentas solares quemen satélites y amenacen a astronautas, aviones de pasajeros o incluso líneas eléctricas terrestres.

Financiado por 14 países miembros de la Agencia Espacial Europea (ESA), el centro europeo de coordinación de meteorología espacial habrá de ser totalmente operativo en 2020. Para lograr avisar lo antes posible cuando se inicien estas tormentas solares, usará observaciones de decenas de universidades, organismos de investigación y empresas privadas.

Estas erupciones solares son imposibles de prever y pueden tener lugar en cualquier momento, en particular cuando hay picos de actividad del Sol, como el que se inició el año pasado. En el peor de los casos, un fenómeno así podría afectar a la Tierra, cortando transportes aéreos o líneas telefónicas.

Cuanto antes se detecte la erupción, más eficaces serán las medidas de protección, afirman los especialistas de la ESA que diseñaron este centro de vigilancia.

“Un piloto siempre tiene la posibilidad de aterrizar porque tiene alternativas (para no usar los satélites) para navegar, pero si la perturbación aparece sin avisar, en mal momento, puede llegar a ser muy peligroso”, explicó a la AFP Juha-Pekka Luntama, quien tiene a su cargo la meteorología en la ESA.

Una anomalía satelital puede provocar distorsiones. Así, la aeronave puede recibir una información de su punto de ubicación desplazado un centenar de metros del lugar en el que realmente se encuentra, lo cual basta para errar su aproximación a la pista de aterrizaje.

La atmósfera y la magnetosfera protegen a los habitantes de la Tierra de la partículas que proyecta el Sol, pero no así en el espacio, en particular cuando se trata de satélites que se mueven a gran altitud, como los de telecomunicaciones geoestacionarios (36.000 kilómetros) o de navegación (como los del sistema estadounidense GPS o del futuro sistema europeo Galileo), que son los más vulnerables.

Las erupciones de baja intensidad no tienen efectos importantes. Como máximo, provocan una bonita aurora boreal y leves problemas de recepción de radio o en los sistemas de navegación de los automóviles.

En cambio, un huracán solar, como el que afectó en 1859 a la red de telegrafía mundial, electrocutó a algunos desafortunados operadores e incendió oficinas de correos, podría tener mayores consecuencias en nuestra época, que cuenta con muchos más sistemas de comunicación que en aquel entonces.

Según la ESA, una eyección de masa coronal que proyecte partículas (protones, electrones, núcleos de helio) a una velocidad de más de 2.000 kilómetros por segundo podría destruir entre 50 y 100 satélites, o sea aproximadamente 10% de los que actualmente están en órbita.

“En el peor de los casos, se podrían dañar los transformadores y se necesitarían semanas, o quizá hasta meses, para sustituirlos”, afirmó Luntama.

En cambio, si se detecta a tiempo la erupción, se puede desactivar los satélites, bajar la potencia de las redes eléctricas, desviar los aviones o impedir que despeguen. Por su parte, los ocupantes de la Estación Espacial Internacional (ISS) podrían refugiarse en módulos blindados especiales.

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