Cultura

Por su seguridad: Por favor, toque los caracoles

 

EL CRACKING ART GROUP

Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras con su capó adornado de gruesos tubos semejantes a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia.

Filippo Tommaso Marinetti “Manifiesto Futurista”.

Hace un siglo, el futurismo, una de las más trascendentes vanguardias artísticas del siglo XX, encabezado por el italiano Filippo Tommaso Marinetti, exaltaba la velocidad y las máquinas, el progreso a través de la destrucción de la tradición. En 1993, nació el movimiento Cracking Art Group, igualmente de origen italiano, compuesto por Renzo Nucara
(1955 Italia), Marco Veronese (1962 Italia),
Carlo Rizzetti
(1969 Bélgica), Alex Angi
(1965 Francia), Kicco (1969 Italia) y
William Sweetlove (1948 Bélgica), cuya principal intención ha sido “cambiar la historia del arte a través de un fuerte impacto social y ambiental, unido a un uso revolucionario e innovador del plástico, evocando así una estrecha relación entre lo natural y lo artificial.” (Cracking Art Group).

Este grupo de artistas se reunió en torno al Manifiesto del fin del milenio. Desde esa perspectiva se han interesado en los temas ecológicos y científicos que podrían impactar el futuro de nuestro planeta y usaron la palabra “cracking” como una especie de ironía sobre el proceso que convierte el petróleo (material orgánico), en plástico (material sintético).

Paradójicamente, y a pesar de sus diferentes formas de ver el arte, ambos movimientos involucran un alto grado de ironía e iconografía kitsh en sus obras. Sin embargo, a diferencia de los artistas futuristas, que proponían acabar con los espacios tradicionales del arte, el Cracking Art Group, expone masivamente en sitios “tradicionales”, como museos y galerías, o en la Bienal de Venecia, pero también interviene el espacio público con figuras monumentales ‘clonadas’ hechas con plástico. Sus piezas favoritas son los animales. Son famosas sus series de caracoles, delfines o ranas. Pero las diferencias entre ambos movimientos también se reflejan en su relación con le mercado. El día de hoy, algunos de sus animales de plástico (que suelen estar producidos en series de 200), han llegado a alcanzar los cuatro mil dólares (el precio más alto para sus famosos pingüinos), aunque sus caracoles, los más conocidos, pueden oscilar entre los 300 y los 800 dólares. Una manera “políticamente correcta” de relacionarse con este movimiento.

¿Qué ocurrió entre los primeros años y los últimos del siglo XX? The Cracking Art Group responde a una dinámica que persiste en la primera década (y corriendo), del siglo XXI: nadie tuvo que destruir nada expresamente, pero a la vez todos lo fuimos haciendo poco a poco. El movimiento busca reflejar eso, y opta por la ironía y la utilización de materiales que transgreden un discurso “ecológico”, resinificando a su entorno.

En un momento donde el arte parece medirse por su monumentalidad y por la capacidad que tenga de apropiarse del espacio público (pensemos en Jeff Koons, y su explosiva nueva vida que lo ha colocado como el artista vivo más caro de la temporada) nos sentimos más identificados con un pingüino de plástico de tamaño natural (o no) que deambule en medio de una sala de exposición, o con un bando de delfines dorados o rosa neón, colgando de los callejones italianos, que con los originales, los cuales además sólo podríamos ver en vivo en cautiverio. ¿Pasará mucho tiempo antes de que se conviertan en verdaderos fetiches como la Caja Brillo del celebrado Andy Warhol, o el Balloon Dog de Jeff Koons? Aunque de seguro ni los primeros, ni los últimos podrán desbancar la Fountain de Marcel Duchamp.

Fuente e imágenes: ©The Cracking Art Group y The Cracking Art Group en Tumblr

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